Minas Tirith: Ciudad de Reyes
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia-ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia-ficción. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de julio de 2011

Topografías en el Cúmulo de Alastor

Hola de nuevo. Hoy hablaremos de forma más detallada de un sencillo recurso que, creo, ya hemos traído alguna vez a esta bitácora: la TOPOGRAFÍA. Como de costumbre, rescataré un libro de mi biblioteca, en este caso del género de la ciencia ficción, para ejemplificar la explicación. Hoy volveré a un autor muy querido para mí y del que ya os he hablado anteriormente: el estadounidense Jack Vance, que nos brindará brillantes topografías en la primera parte de su Trilogía del Cúmulo Estelar, más conocida como Alastor.

Empecemos por el concepto de topografía. Intentemos, todos, apartar por un rato la cabeza del merecido descanso, y rescatemos de nuestra memoria el significado de esta palabra de origen griego: TOPOS ( τόπος ) significa “lugar”, y -GRAFÍA ( -γραφία ) designa el dibujo o la representación escrita de alguna realidad. Es decir, una topografía es la descripción de un lugar.

Es un recurso que practicamos desde el inicio de la Secundaria. Si con vuestros compañeros de primero nos conformamos con un “vistazo” superficial del lugar descrito, vuestra topografías, igual que vosotros, deben crecer – en extensión y calidad - a medida que avanzáis en la ESO.

Una topografía bien estructurada necesita de un momento previo de recopilación y selección de detalles. Comparemos el proceso de describir mediante la palabra con el de tomar una fotografía o pintar un paisaje: antes de disparar la cámara o empezar a pintar, miraréis, encuadraréis, buscaréis el mejor ángulo o los detalles que queráis resaltar. Ese paso previo es necesario también en estas descripciones.

La pregunta que a menudo surge es: ¿y qué describo? ¿En qué me fijo? Gallegueando un poco – estamos de vacaciones -, respondería con otra pregunta: ¿en qué NO te fijas? ¿Qué es lo que NO te llama la atención al mirar, en este caso, ese lugar, ese paisaje? Una topografía es un texto plenamente subjetivo: la opinión del autor no se reflejará sólo en su tratamiento de los elementos, sino en la misma selección de estos. No habrá una topografía más “correcta” que otra. Lo que a uno le llama la atención, otro ni se fijará; y lo que a otro le parezca horrible, quizá haya quien lo considere magnífico y hermoso. Con esto quiero deciros que sois plenamente libres de elegir lo que os venga en gana como materia de descripción.

En resumen, para acometer la topografía de un lugar, primero OBSERVAREMOS y seleccionaremos los elementos que queramos incluir en la descripción. ¿Qué veis? ¿Qué os llama la atención? Podemos atender al colorido, a las formas, los tamaños, la disposición en el espacio, incluso a las sensaciones, tan difíciles de captar en una imagen: el olor, los sonidos, las texturas, vuestro propio estado de ánimo en aquel lugar.

Una vez que tengamos, por así decirlo, las piezas de nuestro puzzle, será el momento de la REDACCIÓN de la topografía. Los dos principales procesos en esta redacción son los de ADJETIVAR y SITUAR. Una topografía tiene que incluir muchos y muy variados adjetivos, que, como sabéis, califican a las realidades, a los sustantivos. No seamos perezosos y no nos limitemos a los simplones “bonito”, “grande” o demás adjetivos para todo: y en caso de usarlos, no nos repitamos, y recurramos a sinónimos más adelante si tenemos que volver a aludir a la misma característica. En cuanto a la situación, los marcadores espaciales (“A un lado”, “a la izquierda”, “más allá”, “justo a mi lado”, “muy a lo lejos”, etc.) dotarán de cohesión a nuestra topografía: le explicarán al lector DÓNDE y respecto a qué están los objetos que describís. Seguid siempre un orden, como si con el bolígrafo fuerais “siguiendo” vuestra mirada. No importa si es de izquierda a derecha, de lejos a más cerca, una aproximación, empezar desde un detalle e ir alejándose... pero que haya un cierto orden lógico, para que el lector pueda hacerse una idea de la imagen que pretendemos evocar.

Esa es la estructura de una topografía. Para hacerla más interesante, qué mejor que incluir algún recurso literario: por ejemplo, comparaciones (la laguna brillaba como un espejo al sol), metáforas (se veían los destellos plateados de los delfines surcando el agua) o hipérboles (la torre era tan alta que amenazaba con llegar a las misma nubes). En los anexos del final de vuestros libros tenéis estos recursos y muchos otros bien explicados y ejemplificados.

Con estos sencillos pasos – Observación, Redacción y Embellecimiento – ya estáis listos para redactar topografías: la práctica y la lectura serán las que determinen la calidad de vuestras descripciones. Ahora nos fijaremos en la obra de Vance, de la que os explicaré brevemente el argumento, y extraeremos unas cuantas descripciones. El libro, como ya os dije al principio, se titula Alastor, y lo editó Martinez Roca en 1990 dentro de su colección Gran Super Ficción. La edición que manejo reúne los tres títulos de la trilogía y está traducida por Eduardo G. Murillo.

Creo que Los príncipes Demonio fue de los primeros libros de ciencia-ficción que leí, así que le tengo especial cariño a la obra de Jack Vance. En el caso de Alastor, el autor imaginó un cúmulo de unas treinta mil estrellas, más de tres mil planetas habitados y una población cercana a los cinco trillones de personas que están bajo la autoridad del Conáctico de Lusz, algo así como un Emperador planetario de todo el cúmulo. Vance se fijó con detalle en tres de ellos, que describió con profusión y virtuosismo en los tres libros que componen la trilogía. El primero de ellos, que trataremos hoy, se titula Trullion: Alastor 2262. Las primeras palabras de Vance sobre este planeta inician la topografía:


La cámara 2262 del Anillo de los Mundos corresponde a Trullion, el solitario planeta de una estrella enana blanca, apenas una chispa en el chorro que serpentea hacia el borde del cúmulo. Trullion es un planeta pequeño, compuesto en su mayor parte de agua, con un único y estrecho continente, Merlank, en el ecuador. […]

A ciento cincuenta kilómetros al este de Port Maheul, el espaciopuerto de la costa sur de Merlank, se encontraba la ciudad de Welgen, dedicada al comercio y famosa por su espléndido estadio de hussade. Más allá de Welgen se extienden los Marjales, una región de notable belleza. Millares de vías fluviales dividían esta zona en una miríada de islas, algunas de buenas dimensiones y otras tan pequeñas que sólo daban cabida a una choza de pescador y a un árbol al que amarraba su bote.

Paisajes fascinantes se sucedían por todas partes. Menas verdegrisáceas, pomanderos bermejoplateados y jerdines negros flanqueaban con majestuosidad las vías fluviales, dotando a cada isla de una silueta específica. […] La luz de los Marjales era pálida y delicada, y brillaba con colores demasiado efímeros y sutiles para que el ojo los captara. Por las mañanas, la niebla disimulaba las distancias; los ocasos se desplegaban en tonos matizados verde lima y lavanda. Por el agua se deslizaban esquifes y lanchas motoras; de vez en cuando pasaba el yate de un aristócrata o el transbordador que comunicaba Welgen con los pueblos de los Marjales.


Jack VANCE. Trullion: Alastor 2262. Martinez Roca, 1990. Páginas 15-16.

A Vance siempre se le ha reconocido su capacidad para imaginar y describir exóticos mundos diseminados por la Galaxia. Espero que sólo esa muestra, en el umbral mismo del libro, os anime, ahora o más adelante, a visitar esta magnífica obra de ciencia ficción. En esta topografía el autor arranca desde lo general (el planeta, en el cúmulo de Alastor) y va acercándose, primero al continente, luego a la parte sur, y finalmente a una pequeña ciudad llamada Welgen, hogar al que regresa el protagonista, Glinnes Hudson, tras diez años de servicio en La Maza, el ejército espacial al servicio del Conáctico del planeta capital Numenes. En esta topografía, Vance ejemplifica los aspectos que señalamos antes en la explicación: gran número de adjetivos variados, que os he señalado en negrita; conectores espaciales, como “A ciento cincuenta kilómetros al este”, “Por el agua” o “Más allá de Welgen”. Incluso apreciamos una metáfora, licencia poética de Vance, que os he subrayado: “apenas una chispa en el chorro que serpentea hacia el borde del cúmulo”. El chorro se refiere al gran conjunto de estrellas del cúmulo, y la chispa, al modesto brillo de la estrella de Trullion.

Espero que os haya quedado claro y que alguien se anime alguna vez a conocer la obra de Vance. Seguid pasando muy buenas vacaciones, hasta pronto.

sábado, 8 de enero de 2011

Recetas de cocina en Sombras del Imperio (Star Wars)

Mi viaje a Menorca de estas Navidades me reencontró con un viejo libro que leí a vuestra edad, cuando estaba enganchado a la – por aquel entonces – trilogía cinematográfica de Star Wars (La Guerra de las Galaxias), de George Lucas. El libro, regalo de mi hermano, se titula Sombras del Imperio, y fue mi primer y fascinado contacto con la serie de libros inspirados en el universo de Star Wars.

Star Wars se convirtió desde su estreno en 1977 en un fenómeno mundial, y, si deseáis escuchar críticas a su falta de originalidad, a sus ya desfasados efectos especiales – poneos en perspectiva, cuando se estrenaron dejaron con la boca abierta a millones de personas – o a la condición de inmensa multinacional con la que su creador se ha hecho multimillonario, en Internet abundan páginas, foros o comunidades de detractores. Por mi parte nunca oiréis tal cosa, porque esas tres películas, La guerra de las Galaxias, El Imperio contraataca y El retorno del Jedi formaron parte de mi infancia; las vi tantas veces que me sorprende que los viejos VHS de mis padres no se fundieran por el desgaste. Disfruté su argumento, sus pintorescos personajes, la inolvidable música de John Williams, los duelos a espada láser, o la romántica y, sí, algo infantil resistencia de los Rebeldes contra el malvado Imperio galáctico. Muchos de mis sueños de esa época me ponían a los mandos del Halcón Milenario, en las dunas de Tatooine, asomándome a las heladas nieves de Hoth, empuñando la espada de los legendarios Jedi o participando en los asaltos a la Estrella de la Muerte. Por tanto, soy la persona menos indicada para hablar con objetividad de esta saga: las que siguen son las palabras de un fan; y ese viejo cariño es el que me hace perdonar y aceptar tantas de sus carencias, errores o limitaciones, artísticas o literarias; el que hará que siempre, por mucho que haya crecido, por diversos que hayan sido mis gustos y preferencias desde entonces, me acerque con una sonrisa a cualquier producto – películas, series de animación, videojuegos o, por supuesto, libros – ambientado en el universo de Star Wars. Ello me llevará, además, a hablar de esos libros y ese Universo en más de una ocasión desde este espacio.

Dicho esto, volvamos al libro que ocupa esta entrada. Sombras del Imperio, obra de Steve Perry, publicada por la editorial Martínez Roca en 1996 y traducida por Albert Solé, es una magnífica novela, escrita por un especialista del género, situada entre los Episodios V (El Imperio Contraataca) y VI (El Retorno del Jedi) de la saga original de películas. Imaginad por un momento vuestra saga favorita. Imaginadla concluida, acabada, cuando ya habéis visto y repasado varias veces todos sus capítulos o episodios hasta el punto de casi haber memorizado los diálogos. E imaginad que alguien – como hizo mi hermano – os pusiera en las manos un nuevo episodio, nuevas aventuras, en las manos. Leí ese libro con voracidad y enorme alegría y, exactamente igual que con las películas, varias veces. Magníficamente escrito, las novelas de la saga Star Wars fueron – ahora lo sé – escritas por amantes de la saga cinematográfica que eran, a su vez, figuras reconocidas en el género de la fantasía y la ciencia ficción, y todas se engarzaron de forma coherente en la Historia principal ideada por Lucas. En entradas posteriores os traeré obras de Timothy Zahn, Kevin J. Anderson – a quien también conoceremos en la saga Dune -, Kathy Tyers o Rebecca Moesta. Hoy, pero, veremos la novela de Steve Perry, autor estadounidense nacido en 1947 y de su Sombras del Imperio, un libro que cuenta ya con quince años. En esta primera incursión en las obras de Star Wars, repasaremos una sencilla tipología textual, que solemos ver como ejemplo de Texto Expositivo: las recetas de cocina. A ello. Antes que nada, como siempre, una pincelada sobre su argumento.


Sombras del Imperio arranca cuando los protagonistas, el aspirante a Caballero Jedi Luke Skywalker y la princesa Leia, junto a sus amigos Lando Calrissian y el wookie Chewbacca, intentan rescatar a Han Solo de las garras del malvado Darth Vader, del que lograron escapar milagrosamente en la Ciudad de las Nubes. Intentando atrapar al escurridizo cazarrecompensas Bobba Fett, los rebeldes caerán en una siniestra conspiración que tiene como protagonistas al Emperador Palpatine – empeñado en crear una nueva y poderosísima Estrella de la Muerte –, al propio Vader – sin duda uno de los villanos más extraordinarios y recordados de la cultura popular del siglo XX – y al siniestro alienígena Xizor, un falleen, el líder del Sol Negro, la organización criminal más poderosa de la Galaxia. El libro se sucede en clave de intriga y aventuras, con varias tramas paralelas y magníficos hallazgos, como la visita al planeta-capital Coruscant, el arrogante personaje de Dash Rendar o los detalles sobre el robo de los planos de la Estrella de la Muerte por parte de los espías bothanos, clave para entender el sexto episodio de la saga (El retorno del Jedi). Si os gustaron las películas – las antiguas, o la nueva trilogía, de la que también hablaremos más adelante -, no dudéis en darle una oportunidad a este libro. 348 páginas y una traducción impecable.

Veamos ahora el tema de clase que tenemos que repasar con este libro. Si recordáis, los textos expositivos son aquellos que nos instruyen para hacer algo. Vimos algunos ejemplos, como los manuales de instrucciones o los tutoriales en internet para aprender de forma autodidacta, pero hoy vamos a centrarnos en las Recetas de cocina. Repasaremos cuál es la estructura correcta y los rasgos lingüísticos que debemos respetar para escribir bien una receta: sobre lo que cocinéis o los resultados prácticos de la misma, eso ya es cosa vuestra.


En primer lugar, debemos titular nuestra receta: exponer simplemente cuál será el plato que se preparará. No está de más incluir al final, entre paréntesis, para cuantos comensales está prevista la receta.

Después, enumeraremos en una lista los ingredientes que vamos a necesitar.

Ya en el cuerpo de la receta, escribid con brevedad y concisión. Al grano y sin florituras. Emplead preferiblemente estas tres formas cuando empleéis verbos: el INFINITIVO (cortar las patatas), la IMPERSONAL (se cortan las patatas) o la IMPERATIVA (cortad las patatas).

Si empleáis algún término que creéis que puede ser dificultoso, ofreced una aclaración con una nota al pie (por ejemplo, si en la receta decís: “pochar la cebolla”, quizá haya alguien que no sepa lo que es “pochar”. Podéis aclararlo con una nota al pie, en la que explicáis que pochar es cocer algún alimento en poco aceite y a temperatura suave. Y quedáis como unos cracks.).

Creo que, a nivel de lengua, eso es todo. Como veis, una explicación muy sencilla. Después está el aspecto visual de la receta, que debéis procurar siempre lo más atractiva posible. Emplead tipografías bonitas, combinad bien los colores, no seáis rácanos con la negrita y el tamaño de la fuente e incluid SIEMPRE una fotografía del plato – al alcance de cualquiera, aunque no sepa hacerse un sandwich de mortadela, con el Google Images –.

¿Cómo vamos a repasar esta tipología textual con un libro de Star Wars? Como podéis imaginaros, en el libro en sí no hay ninguna receta como la que hemos descrito aquí. Pero en muchos momentos, el autor detalla los platos que comen algunos de sus personajes. Y se le nota que disfruta de la comida y los placeres de la mesa: parece relamerse, e inventa alimentos, sabores, texturas con la libertad absoluta de quien escribe sobre un universo ficticio. A mí, al menos, me picó la curiosidad; leamos un fragmento del libro y lo veréis por vosotros mismos. El príncipe Xizor, el malvado líder del Sol Negro, se dispone a ir a cenar al Menarai, el mejor restaurante de Coruscant, que es lo mismo que decir de todo el Imperio Galáctico. Veamos como imagina Steve Perry la “alta cocina” del universo de Star Wars:

Bien, ¿y qué iba a cenar? La flekguila era excelente. La mantenían con vida hasta el momento en que era sumergida en aceite de pimienta hirviendo, y esa misma mañana los ejemplares habrían estado nadando en el mar de Hocekureem, a años luz de distancia de allí. El yam relleno y el bistec de plicto también eran excelentes, al igual que el caracol gigante ithoriano recubierto con mantequilla de nuez esponja. O quizá un estofado de gambas terrestres de Kashyyyk... Había muchas posibilidades y todas ellas eran muy atractivas. (página 81)

¿No se os hace la boca agua? ¿Qué narices será el plicto? ¿De qué tamaño estamos hablando cuando dice caracol “gigante”? Disculpad la salvajada de la preparación de las pobres flekguilas: los chefs al servicio del Emperador no parecen especialmente sensibles con los animales. En el otro extremo, en Sombras del Imperio podemos ver como se alimentan los protagonistas a bordo del Halcón Milenario, en el transcurso de uno de sus múltiples viajes espaciales. Lando ha preparado estofado de giju, y, a juzgar por la opinión de la princesa Leia, no parecía haber acertado con la receta:

Leia echó un vistazo al contenido de la bandeja y pensó que parecía un cruce entre el plástico de bota derretido y algo de fertilizante, con un poquito de vegetación podrida de pantano espolvoreada por encima. Además, también apestaba como imaginaba que habría apestado esa combinación. (página 61).

Como veis, el estofado de giju de Lando tiene una pinta bastante nauseabunda. Como todos se niegan a probarla, picado en su orgullo, Lando se llena la boca con su “creación”: enseguida está a punto de vomitarla, y entre sudores y estremecimientos, reconoce “haberse pasado un poco con la especia boonta”. Y, tras reírse, los héroes de la Alianza Rebelde abren un par de latas presurizadas de judías.

¿Seríais capaces de escribir las recetas de cualquiera de los platos de los que hemos hablado aquí hoy? Estoy seguro de que sí. Enunciaríamos el título de la receta (Caracol gigante ithoriano recubierto con mantequilla de nuez esponja, para dos personas); después, enumeraríamos en una lista los ingredientes (aquí tendríamos que inventárnoslos, claro, algo así como 2 caracoles gigantes del planeta Ithor, 200 gramos de mantequilla de nuez esponja, tres ramas de luz de luna...). Y a continuación, desarrollaríamos la receta en sí. (Preparar la mantequilla, espolvorear la especia, rayar la hignosiosis, etc.). Animaos a intentarlo, o al menos, a sumergiros en esta magnífica novela, donde podréis leer más sobre recetas y muchas otras maravillas del Universo creado por George Lucas en aquel lejano 1977. Saludos, hasta otra.


sábado, 20 de noviembre de 2010

Los adverbios, entre la Fundación y el Imperio

En este post hablaremos sobre Fundación e Imperio (Foundation and Empire, 1952), continuación a Fundación, de la que ya os hablé en una entrada anterior, segunda parte de la trilogía de la Fundación de Isaac Asimov. Ya en aquella ocasión os ensalcé las enormes virtudes de este escritor nacido en 1920 en la entonces Unión Soviética – hoy, Bielorrusia – y nacionalizado después estadounidense, una de las figuras canónicas y clásicas en todas las clasificaciones del género de la ciencia-ficción. En la ocasión de “Fundación, una Saga con mayúsculas” empleé ejemplos de toda la trilogía, pues yo la había conocido en un único volumen editado hace poco por DeBolsillo. En este post, por el contrario, emplearemos sólo el segundo de los libros que componen la trilogía, Fundación e Imperio, para aclarar el sencillo concepto que repasaremos: los adverbios.

Un breve recordatorio: hacia el final de Fundación se habían cumplido los doscientos primeros años del Plan Seldon. Las predicciones de la psicohistoria se habían cumplido, y los dirigentes de la Fundación, desde los tiempos del ya mítico y legendario Alcalde Salvor Hardin, se habían enfrentado con éxito a las sucesivas crisis Seldon. Habían conservado su independencia frente a la pujante Anacreonte; más aún, habían extendido sus tentáculos tecnológicos enmascarados bajo una pátina religiosa. Llegó el punto de reclamar su hegemonía y someter a los Cuatro Reinos. Y la expansión había continuado, esta vez no de la mano de Misioneros, sino de los curtidos y arriesgados Comerciantes, una suerte de exploradores, príncipes mercaderes, que recorrían la Galaxia abriendo rutas comerciales y extendiendo el poderío de la Fundación. El más grande de todos ellos, por supuesto, el gran Hober Mallow. Finalmente, incluso la poderosa República de Korell se sometió a los dictados de Términus. El camino hacia el Segundo Imperio previsto por Seldon continuaba expedito.


Arranca Fundación e Imperio, y ese va a ser precisamente el enfrentamiento en torno al cual se articulará la primera parte de este magnífico libro de Asimov: la emergente Fundación es una suerte de Roma tras completar la dominación de la península itálica y presta a enfrentarse a la decadente pero aún imbatida Cartago. En este caso, los restos del Imperio Galáctico son ese León, viejo y cansado, pero aún mortífero y aplastante en su superioridad militar, económica y logística. El peligro para la Fundación es doble, pues ocupa el trono en Trántor, la colosal capital Imperial, el que será último gran Emperador, Cleón II. Además, sirve a este gran monarca un joven y competente militar, Bel Riose, llamado también a ser el último de su estirpe: los grandes Generales Imperiales, servidores de la Nave y el Sol, emblema del Trono de Trántor.

El enfrentamiento entre la Fundación y el Imperio, acaudillado por el fogoso Riose, estaba previsto en el magno plan matemático de Hari Seldon como el momento de máxima tensión, en el que habría más posibilidades de fracaso: en caso de un fracaso de la Fundación, el Plan Seldon no llegaría a cumplirse, y la última esperanza de sobrevivir al Caos y la Anarquía que sobrevendrían a la inevitable caída de ese Imperio decadente se habría desvanecido. Por ello, Asimov nos sumerge en unos acontecimientos de los que depende el destino de la Humanidad, con ese estilo al que tantos reprochan su falta de “belleza” literaria, su nulo lirismo, y su poco o nulo interés por las descripciones de usos o costumbres que se aparten de la trama principal. Todo ello es cierto, pero sus virtudes son también muchas: personajes complejos y profundos, tramas planteadas de forma policíaca, resueltas tras momentos de enigmas, intrigas o probabilidades sugeridas. Me gusta mucho leer a Asimov, es comprensible y resulta cercano, transparente, y escribe con una sobriedad que le permite introducirnos en tramas complejas, donde a veces especula sobre futuras tecnologías o adelantos desde sus profundos conocimientos científicos, sin pecar nunca de denso, rebuscado o pedante.

El enfrentamiento entre la Fundación y el Imperio, cuya resolución conoceréis si os animáis a aventuraros en las páginas de la saga, es, os decía antes, uno de los dos principales ejes de Fundación e imperio. El segundo, que ocupa la segunda parte del libro, trata sobre el surgimiento del Mulo.

El Mulo es un personaje impagable. Aunque solo fuera por él, valdría la pena haberme leído la saga de la Fundación: afortunadamente, las virtudes de esta son muchas más, pero el Mulo es un personaje que no podré olvidar jamás. Además, os diré algo: esta segunda parte de Fundación e Imperio, la referida al Mulo, es una de las más brillantes y maravillosas obras de ciencia ficción que nunca he leído. Y, por lo que he leído navegando por la red o comentando con auténticos especialistas de Asimov – impagable el servicio de asesoramiento de los encargados de la librería Gigamesh para adentrarte en la saga, o para cualquier cosa relacionada con ciencia ficción y fantasía: no dejéis de visitarla, está en Arc de Triompf, línea 1 –, no soy el único que opina así. Una pieza maestra. Inigualable. Magistral. Tremenda. Trepidante. No quiero anticiparos nada sobre el argumento: detestaría destrozarle a alguien al que le apetezca – como siempre, ahora o en cualquier otro momento, más adelante en vuestras vidas – sumergirse en Fundación e Imperio las sorpresas que les depara. Sólo comentaros algo. Os envidio: podéis leerlo por primera vez, sorprenderos por primera vez. Sois afortunados. Aprovechadlo.

Veamos ahora el concepto que ocupa esta entrada: los adverbios.

Los adverbios son palabras invariables que funcionan como núcleos de sintagmas adverbiales. Puede funcionar como Complemento Verbal (uniéndose con alguna función sintáctica, como por ejemplo C.C.M., al Sintagma Verbal – Predicado –), como Complemento de un Adjetivo (C.Adj.), cuantificándolo (muy preciosa) o como Complemento de un Adverbio (C.Adv.) respecto a otro adverbio (muy extensamente).

Los adverbios no tienen demasiado misterio. En clase os aconsejo que cuando dudéis entre la naturaleza adverbial o adjetival de una palabra, cambiadla de género (de masculino a femenino, o viceversa) o de número (de singular a plural, o al revés): en caso de poder hacerlo, serán adjetivos, pues, recordad, los adverbios son invariables.

En ocasiones alguien dice en clase: “son adverbios todos los que acaban en -mente”. Cierto en parte. Primero, por que hay algunas palabras que acaban en -mente en castellano y no son para nada adverbios: mente, demente o formas verbales como comente. Así que, precaución: cualquier adjetivo al que añadamos el sufijo -mente será, eso sí, siempre un adverbio. Segundo, hay muchos, un montón de adverbios que no acaban en -mente. ¿Está claro? Bien, por cortesía de Wikipedia y su artículo dedicado a esta incomprendida categoría gramatical (“El adverbio), aquí tenemos una lista con los principales adverbios de la lengua castellana:

Lugar: aquí, allí, ahí, allá, arriba, abajo, cerca, lejos, delante, detrás, encima, debajo, enfrente, atrás, alrededor, etc.

Tiempo [absoluto]: pronto, tarde, temprano, todavía, aún, ya, ayer, hoy, mañana, siempre, nunca, jamás, próximamente, prontamente, anoche, enseguida, ahora, mientras.

Tiempo [relativo]: antes, después, posteriormente, primeramente, primero, respectivamente.

Modo: bien, mal, regular, despacio, deprisa, así, tal, como, aprisa, adrede, peor, mejor, todos los adjetivos seguidos de -mente.

Cantidad o grado: muy, poco, muy poco, cada vez mas, mucho, bastante, más, menos, algo, demasiado, casi, sólo, solamente, tan, tanto, todo, nada, aproximadamente.

Afirmación: sí, también, cierto, ciertamente, efectivamente, claro, exacto, verdaderamente.

Negación: no, jamás, nunca, tampoco, negativamente...

Dubitativos: quizá(s), acaso, probablemente, posiblemente, seguramente, tal vez.

Un concepto sencillo, ¿no?. Practiquemos con un fragmento elegido de Fundación e Imperio de Isaac Asimov. Buscad todos los adverbios que encontréis en esta escena entre el Emperador Cleón II y su primer ministro, el astuto Brodig. Hay ejemplos de adverbios de Modo, de Lugar, de Cantidad, de Tiempo, de Negación...


El Emperador musitó una maldición, mientras Brodrig esperaba obedientemente. Cleón II preguntó con mal humor:

-¿Cuántos están esperando fuera?

Movió la cabeza en dirección a la puerta. Brodrig contestó pacientemente:

-En el Gran Salón espera el número acostumbrado.


- ¡Pues que esperen! Asuntos de estado ocupan mi atención. Di al capitán de guardia que así lo anuncie. Pero... ¡no, espera!, olvida los asuntos de estado. Que anuncie solamente que no concedo audiencias, y que lo haga además con expresión entristecida. Los chacales que hay entre ellos pueden traicionarse. -El Emperador esbozó una malévola sonrisa.

-Corre la voz, señor -dijo Brodrig con suavidad-, que es vuestro corazón lo que os causa molestias.

La sonrisa del Emperador seguía siendo malévola.

- Perjudicará más a los otros que a mí mismo si alguien actúa prematuramente según este rumor.

ASIMOV, Isaac. Fundación e Imperio (1952). Traducción de Pilar Giralt. DeBolsillo, 2010.

Espero que sólo sean las primeras de las muchas líneas que disfrutaréis leyendo la segunda parte de la trilogía de la Fundación. Ciencia-ficción de la más grande que se ha escrito jamás. Nos vemos en clase.

* * * * *

Despiértate del todo, que te veo dormido,

un pedazo del pecho y otro de la cabeza:

que aún no te has despertado como despierta un toro

cuando se le acomete con traiciones lobunas.


(Miguel HERNÁNDEZ. “Llamo al toro de España, en El hombre acecha (1938-39).)

30 de octubre de 2010. Centenario del nacimiento de Miguel Hernández.

lunes, 18 de octubre de 2010

Fundación, una Saga con Mayúsculas


Bueno, la primera entrada del blog de este nuevo curso 2010-2011. Demasiado ha tardado, por lo que parece lógico iniciarla con una disculpa por la tardanza. Intentaremos que no se espacien tanto en lo sucesivo.

Meses de descanso, desconexión y relax, pero en los que de vez en cuando he pensado en vosotros - ¡qué obsesión! - y en nuevos libros que comentar en esta bitácora. La entrada de hoy la dedicaré a una gran obra que descubrí en Menorca durante estas vacaciones: la saga de la Fundación, de Isaac Asimov.

En un blog que pretende iros descubriendo algunos libros de ciencia ficción (y, también, de fantasía épica, aunque quizá más adelante abarquemos nuevos géneros, a vuestra discreción), hablar de Isaac Asimov son palabras mayores: es, indiscutiblemente, uno de los autores más grandes del género, creador con mayúsculas de una cosmogonía y un universo maravilloso, magníficamente esbozado en todos sus estratos – topografías, Historia, costumbres, innovaciones tecnológicas, religiones, sociológico, etc. -, poblado por personajes inolvidables, en los que se suceden infinidad de aventuras, intrigas, revoluciones, guerras y sucesos descritos con una prosa ágil, rica pero accesible, y con un ritmo que, os lo garantizo, engancha al lector en una de las más hermosas adicciones que puedo concebir.

Descubrí esta saga en una edición de bolsillo, accesible y bien cuidada, que publicó DeBolsillo en marzo de este año: la Trilogía de la Fundación. Hoy solo quiero hablaros del primero de los relatos que originaron la saga, el primer volumen, titulado simplemente Fundación. Asimov, profesor universitario, científico y humanista y, probablemente una de las mejores mentes del siglo XX, intentó, en sus propias palabras, narrar “una historia del futuro”. Fundación empieza en los últimos días del Imperio Galáctico, que ha regido los destinos de la Humanidad – diseminada por toda la galaxia en hasta 25 millones de mundos habitados – durante doce mil años. Un matemático, el doctor Hari Seldon, desarrolla una ciencia matemática, la psicohistoria, con la que predice el futuro, y contempla el colapso del Imperio y un posterior período de anarquía que durará 30000 años. Para minimizar los daños, crea en el extremo más alejado del confín de la galaxia una Fundación, una colonia, un reducto de científicos, técnicos y sabios que formarán los cimientos de un nuevo Imperio. Sin embargo, el destino de la Fundación, la pequeña colonia establecida por Seldon en el planeta Términus no será nada fácil, y la psicohistoria predice enormes dificultades durante mil años hasta poder alcanzar su gran destino de hegemonía. La novela escrita por Asimov nos muestra esos primeros años de la Fundación: un pequeño planeta, sin apenas materias primas, rodeados de enemigos que, independizados del Imperio, combaten entre sí y amenazan la pequeña colonia. Sus primeros enfrentamientos, la astucia con la que los dirigentes – el alcalde Salvor Hardin, el príncipe mercader Horbert Mallow, la familia Darrell – se enfrentan a las crisis es absolutamente enganchante. Su estructura es casi detectivesca, policial, y los muchos enigmas encajan finalmente a la perfección. Además, los protagonistas de la Fundación no son los únicos garantes del plan de Hari Seldon para la reconstrucción del Imperio: el psicohistoriador fundó una Segunda Fundación en algún oculto lugar de la Galaxia. Su misión, siempre en la sombra, siempre de incógnito, será velar por el triunfo de la primera Fundación y lograr el renacimiento del Segundo Imperio Galáctico.

Creo que es obvio que os recomiendo encarecidamente su lectura. Lo hago, además, antes de la inevitable popularidad añadida que supondrá su adaptación al cine: sí, harán una película, aunque, por las características de la serie, algunas de ellas inadaptables al séptimo arte, y por el – escalofriante – perfil del director que han elegido, Ronald Emmerich, soy bastante pesimista con lo que saldrá de ahí. Miedo me da la visión que puede tener de la psicohistoria y de las hazañas de la Fundación el realizador de joyas como Soldado Universal de Van Damme, Godzilla – sí, ese – o 2012, una de las mejores comedias que he visto en mucho tiempo. En fin, el tiempo lo dirá, pero si hay que guiarnos por mi intuición – y por la de miles de seguidores que chillan indignados por todo Internet ante la previsible profanación de su saga -, prefiero el libro a la película. Y teniendo en cuenta que ni la han rodado, os dice en qué alta estima tengo la obra de Asimov.

Entusiasmado y casi bordeando el spoiler, casi había olvidado relacionar esta obra con alguna de las clases con las que, de nuevo, os machaco tres veces a la semana. Puro sadismo. La lección será sencilla, la hicieron vuestros compañeros de 1º de E.S.O. esta misma semana, por lo que no es más que, para empezar, un rápido repaso a un concepto sencillo: cuando deben emplearse las MAYÚSCULAS en castellano.

En primer lugar, obviamente, al iniciarse una frase, y después de un punto, tanto seguido como aparte:


S
us ojos vagabundearon por el despacho y contemplaron el material almacenado en los ordenadores a los que sólo Seldon y Amaryl tenían acceso. Aunque alguien lograra acceder a él por casualidad, todos los datos estaban expresados en una simbología inventada que sólo ellos podían entender. (Hacia la Fundación, página 13).

En segundo lugar, en todos los nombres propios, sean de persona – antropónimos - (Salvor Hardin, Gaal Dornick, Hari Seldon, Arkady Darrell), de lugarestopónimos - (Trantor, Anacreonte, Términus) o de animales (ahora mismo no recuerdo ninguna mascota en la saga de Fundación, me sabe mal).

Además, deben ir en mayúsculas las instituciones u organismos oficiales: el Primer Imperio Galáctico, el Gobierno de Términus, la Alcaldía, la Prefectura de Anacreonte o, por supuesto, la Segunda Fundación.

También pondremos mayúsculas en las siglas, por ejemplo, en DGE, el Día Galáctico Estándar o la E.F., Era Fundacional. Lo mismo sucede con los números romanos, como los empleados con los Emperadores: Cleón II, y añadiremos un ejemplo sencillo: el ciclo de la Fundación recibió el I Premio Hugo a la Mejor Serie de Ciencia Ficción de todos los tiempos en 1966. Eso, en números romanos, sería algo así como MCMLXVI.

Se ponen en mayúsculas los títulos nobiliarios o cargos públicos oficiales: el Alcalde, el Emperador, el Canciller, el Presidente, etc.

Espero que alguien se anime a conocer la obra: si no, estad seguros que pronto oiréis hablar de ella, en su salto a las carteleras. Un placer estar aquí de nuevo, nos iremos viendo. Un abrazo, bienvenidos al nuevo curso en el Oikumene.


jueves, 8 de julio de 2010

Palabras Compuestas en Dune: la Yihad Butleriana


Ni estos tremendos calores ni la apoteósica andadura de la Roja en el Mundial pueden servir de excusa para descuidar tanto nuestro humilde empeño, así que cojamos un ventilador, posterguemos los alaridos, banderas y cervezas para el domingo por la noche, y afrontemos un nuevo post. Hoy repasaremos un tema muy sencillo, el de la formación de las PALABRAS COMPUESTAS, y explicaremos en relación a este simple concepto algo sobre una saga que conocí hace muy poco y que me encantó, por lo que no dejaré de recomendaros su lectura hasta el final de este veraniego post. El libro al que me refiero se llama La Yihad Butleriana, y es el primer volumen de la trilogía de ciencia ficción Leyendas de Dune, escrita por Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

Afortunadamente, el concepto de las palabras compuestas requerirá poco tiempo por nuestra parte; las palabras compuestas son aquellas palabras que han surgido del proceso de la COMPOSICIÓN. La composición es uno de los mecanismos más fecundos y efectivos de la lengua para formar nuevas palabras, o neologismos (recordad, en griego “neo” significa “nuevo”, y “logos”, “palabra”). A diferencia de la DERIVACIÓN (en la que, no olvidéis, se formaban nuevas palabras mediante la adición de morfemas a UN SOLO lexema o raíz), en la COMPOSICIÓN obtenemos los nuevos vocablos a partir de la UNIÓN DE DOS O MÁS lexemas.

Los lexemas son la parte invariable en la formación de las palabras, y son las partículas que contienen la información semántica, de significado. De la información gramatical (tiempo verbal, modo, persona, número, género, categoría) se ocupan los morfemas.

Así pues, cuando los hablantes de una lengua viva se encuentran con una nueva realidad y necesitan una nueva palabra para designarla, pueden optar por este mecanismo: la unión de dos o más lexemas anteriores para formar un neologismo. El resultante será una palabra compuesta.

Los esquemas más habituales para formar palabras mediante la composición son:

  • Verbo + Sustantivo: escurreplatos, paraguas, paracaídas, quitamanchas.
  • Sustantivo + Adjetivo (orden indistinto): aguamarina, salvoconducto, bajorrelieve, pelirrojo.
  • Sustantivo + Sustantivo: bocacalle, coliflor.
  • Adjetivo + Adjetivo: blanquiazul, rojigualda, verdinegro.

Éstas son las estructuras más habituales y “normales” dentro de la composición, y a las que hemos prestado atención en clase. Los ejemplos más rebuscados, inhabituales y dificultosos, como las combinaciones con pronombres (quehaceres) o con adverbios (biempensante), o acrónimos que llegan a resumir frases enteras (correveidile, pésame) o varias palabras mediante la síntesis (motel, autobús), solo deberán preocuparos en etapas más avanzadas de vuestra educación.

En numerosas ocasiones habréis notado que relacionar los libros de los que suelo hablaros con los temas que damos en clase resulta dificultoso, y a veces la relación está directamente pillada por los pelos; no es el caso del post que nos ocupa: en una obra de ciencia ficción, los autores crean un universo imaginario, futurista en este caso, donde hay realidades – objetos, situaciones, mecanismos, doctrinas, razas, etc – QUE NO EXISTEN en nuestro mundo real y que, por tanto, no tienen palabras que las designen en nuestra lengua. Los autores realizan, por tanto, un esfuerzo de creación de nuevas palabras, y uno de los mecanismos que emplean es, precisamente, el de la composición. Pero, antes de ver los ejemplos extraídos del libro, presentémoslo brevemente.

En un post anterior os hablé ya de Frank Herbert como autor de una de las sagas más populares y extraordinarias de la ciencia ficción: Dune. Pocos, incluidos el autor y su editor en el sello estadounidense Chilton Books, podían prever el impacto que tuvo esta novela en el género. Publicada en 1965, ganó los premios Nebula y Hugo, y tuvo un éxito arrollador que destrozó los, hasta entonces, acotados límites de los aficionados al género. Y, sin embargo, me resisto a recomendaros su lectura en estos momentos, por los motivos que ya os expuse en el post dedicado a Los ojos de Heisenberg. Por eso, en vez de acudir a la novela original, os hablaré de una trilogía que escribió, casi cuarenta años después, el hijo de Frank, Brian Herbert, en colaboración con el afamado Kvin J. Anderson, toda una garantía del género.

Brian Herbert es, además de su hijo, el mayor admirador del universo que creó su padre, Frank Herbert. Con Las leyendas de Dune, Brian se propuso explicar los orígenes del mundo que se refleja en la obra de su padre: se trata, por tanto, de una precuela, situada temporalmente diez mil años antes de los sucesos explicados en Dune.

La Yihad Butleriana es un libro en el que se nos presenta a una humanidad esparcida por diversos planetas en un Universo en guerra, combatiendo contra las Máquinas Pensantes; tras evolucionar y superar a sus creadores, las computadoras se rebelaron contra los humanos y derrocaron su decadente Imperio, en pro de la eficiencia y el orden lógico. Los humanos, unidos bajo la feudal Liga de Nobles, resistieron durante un milenio, hasta la nueva acometida de los engendros liderados por la supermente colectiva Omnius y los poderosos Titanes cimeks. La novela, muy bien escrita, y bastante más accesible para vosotros que la prosa original de Herbert – aunque sigue siendo complicada, no os engaño -, nos relata en vertiginosos capítulos breves los sucesos que desencadenaron la decisiva batalla contra las Máquinas Pensantes. Os la recomiendo aun sin haber leído Dune, porque será un primer encuentro con personajes memorables, como Serena Butler, Xabier Harkonnen, Omnius, Vorian Atreides, Norman Cenva y muchos más, pueblos fascinantes como los zensunni, origen de los Fremen, planetas arrebatadores como Giedi Prime, Salusa Secundus o la inexpugnable Corrin. Las leyendas de Dune no es únicamente el inicio de una gran saga de aventuras espaciales: subyacen, tras los espectaculares viajes interplanetarios y los desmedidos avances técnológicos, profundas reflexiones que son, por humanas, atemporales: la lucha por la Libertad, los desmanes cometidos en nombre del Bien Común, la ambición, la impetuosidad irreflexiva de la juventud, la pasión amorosa, los peligros de una tecnificación excesiva, la conciencia ecologista de respeto al medio ambiente, los siglos de odio que puede provocar entre dos grandes casas un acto traicionero...

Espero que os sumerjáis, ahora o más adelante, en este extraordinario universo, llevado al formato audiovisual con desiguales resultados, en una película – hoy de culto – , Dune, de 1984, dirigida por el excéntrico David Lynch y protagonizada por Kyle MacLaghlan, y en varias miniseries para TV que, a mi juicio, no están a la altura de la obra en que se basan.

Bien, veamos algunos ejemplos de palabras compuestas extraídas del libro, con las que los autores – y, en el caso de nuestra edición en castellano, el traductor Eduardo G. Murillo – designaron nuevas realidades:

Cuchidente (lexemas “Cuchillo” + “diente”) = el arma que fabricó Selim con el enorme colmillo de un monstruoso gusano de Arrakis.

Budislámico (lexemas “Budista” + “Islámico”) = perteneciente a la imaginaria religión surgida de la fusión de los antiguos credos terrestres del Budismo y el Islam.

Espaciopuerto (lexemas “espacio”+”puerto”) = el recinto desde donde despegan y aterrizan las distintas naves interplanetarias.

Psicoionización (lexemas “psique”+ “ionización”) = uno de los poderes que desatan las temibles hechiceras de Rossak, una terrible descarga de sus poderes psíquicos.

Viviseccionar (lexemas "vivo" + "seccionar") = realizar una autopsia aún en vida, uno de los muchos crueles experimentos del robot Erasmo en Corrin.

Plasacero (lexemas "plástico" + "acero") = un material maleable y fácilmente producible que tiene la dureza del más templado acero, con el que Máquinas y Hombres Libres fabrican sus múltiples ingenios.

Éstos son solo algunos ejemplos extraídos del libro, pero hay muchos más, que nos suenan extraños primero – al no reconocer el referente –, y luego perfectamente encajados en este universo tan magistralmente articulado, tan coherente en todas sus relaciones, y tan “real” que merece la continua visita de millones de admiradores y, espero, también la vuestra algún día. Nada será igual si conseguís hacer vuestros los parajes del planeta Arrakis, también conocido, según nos cuenta la inolvidable princesa Irulan, como “Dune”. No dudo que el sencillo tema que hemos tratado hoy no os supondrá problema alguno: quien quiera participar de forma más activa, puede señalar aquí los ejemplos de palabras compuestas – ficticias o no – que encuentre en este o cualquier otro libro. Salud a todos, hasta la próxima.


martes, 22 de junio de 2010

Coordinación y Yuxtaposición: conociendo a Herbert

Sí, mucho me temo que tenemos que repasar las oraciones yuxtapuestas y las coordinadas. Y lo haremos, tras recordar brevemente los conceptos con una presentación, empleando una obra magnífica, que exige, pero, unas palabras al respecto.

En el umbral mismo del blog exponía mi intención de repasar los conceptos que veíamos en clase con obras de fantasía épica y de ciencia ficción; con más de 15 entradas, la única obra que os he reseñado perteneciente a este género ha sido Los príncipes demonio, de Jack Vance. ¿Por qué esta menor presencia de la ciencia ficción en estos posts? El principal motivo es su dificultad. Sin creeros a ninguno de vosotros incapaces o lentos, las obras clásicas de los grandes nombres de la ciencia ficción – un campo ya respetado en las esferas académicas, sobre todo norteamericanas – son obras densas, normalmente con un enorme caudal de tecnicismos, auténticos o inventandos, kilométricas listas de personajes y datos y exigen del lector, al menos, buena disposición para el esfuerzo y una capacidad lectora ya desarrollada. Con todo, para recordar esas molestas coordinadas, hoy emplearé un libro de este género, de ciencia ficción. ¿Os lo recomendaría ahora mismo, con 15 o 16 años? Probablemente, no, o a muy pocos de entre vosotros. ¿Creo que puede ser interesante que algún día lo leáis? Sí, y espero que ese día lo disfrutéis como yo hice.

Veamos primero en una breve presentación el resumen de la yuxtaposición y la coordinación, el primer acercamiento que hacemos, ya en 4º de ESO, a las oraciones compuestas.





Tras esto, introduciremos el libro del que os hablé antes. El autor es uno de los titanes del género: Frank Herbert. Este estadounidense desarrolló en la década de los sesenta una cosmogonía única, rebasando los límites del género – muy estrechos hasta entonces – y convirtiendo su obra Dune en un bestseller mundial, mereciendo incluso la adaptación hollywoodiense veinte años después. Sin embargo, la obra de la que os voy a hablar no pertenece a esa renombradísima saga, Dune, a la que sin duda me referiré otro día: el relato con el que ejemplificaremos las oraciones que hoy estudiamos se titula Los ojos de Heisenberg. Es una novela corta, de apenas 230 páginas, publicada en España por Bruguera en 1989 dentro de la magnífica colección Nova ciencia ficción, y traducida al castellano por Gloria Pous. Escrita en 1966, en el apogeo de la creatividad de Herbert, que había alumbrado Dune solo un año antes; ya consagrado como gurú del género, Los ojos de Heisenberg fue celebrada, más que recibida, y quedó finalista del prestigioso premio Nebula (junto al Hugo, los más renombrados premios literarios de ciencia ficción).

¿Su argumento? Imaginad un futuro, dentro de treinta mil años, dominado por la manipulación genética. Una casta dominante surgida de esa manipulación, los Optimen, eran seres genéticamente superiores, inmortales, pero estériles. La reproducción estaba férreamente controlada por los ingenieros: no había habido un parto natural en decenas de siglos. En este escalofriante futuro, los sterries (los humanos normales) viven sometidos por los Optimen y se verán envueltos en el conflicto desatado por el ansía de dominio de los implacables Cyborgs. La trama de aventuras, cimentada como siempre en la obra de Herbet con profundas reflexiones de sus personajes, magníficamente trazados en su concisión, se desarrollará en este universo entrevisto, apenas matizado, tan sintético como fantasmagórico. La aparición de un embrión superior tras un fallo en el quirófano durante la manipulación genética desatará una carrera por el control de la nueva forma de vida entre Optimen y Cyborgs, en la que los sterries, los compungidos padres del embrión, no se resignarán a un papel irrelevante. Pocos personajes podréis encontrar tan fascinantes como estos: Herbert es, a mi juicio, un maestro, y caracteres como los que nos regala en Los ojos de Heisenberg pueden sin temor alguno resistir cualquier comparación con los otros titanes del género: Bradbury, K.Dick, Asimov, etc. Herbert es un maestro del que, espero, gozaréis siempre que os aproximéis, si no es ahora, en cualquier momento de vuestras vidas.

Veamos ejemplos de las oraciones yuxtapuestas y de las coordinadas extraídas del libro:

Oraciones Yuxtapuestas.

Igan parecía enjuto y frágil a su lado; tenía el rostro alargado la mandíbula cuadrada y la boca pequeña, con los labios delgados. (página 70)

Su preocupación volvía a estar en la compleja estructura celular, seguía los sistemas del mitocondrio como un ave de presa. (página 125)

Parecía anciano, su cara era una máscara de resignación. (página 179)

Oraciones Coordinadas Copulativas.

Frecuentísimas, os cruzaréis con alguna cada dos páginas; basten estos cuatro ejemplos, el tercero empleando la conjunción 'e', y el cuarto, en negativo:

Desvió la atención hacia las mitocondrias y vio la prueba de la intrusión de arginina. (página 43)

El dolor será exquisito y puede prolongarse durante siglos. (página 225)

Con delicadeza, Calapina se levantó e hizo deslizar la pasarela. (página 191).

Nada tenía que envejecer ni degradarse en el mundo de los Optimen.

Oraciones Coordinadas Disyuntivas.

La mórula estaba descendiendo hasta su punto mortal. Podía vivir o morir en los próximos minutos, o podía quedar seriamente dañada. A veces sucedían estas cosas. (página 49)

Oraciones Coordinadas Adversativas.

Svengaard era bueno dentro de sus límites, pero le faltaba imaginación creativa. (página 35)

Como veis, además de emplear el nexo “pero” propio de las adversativas, la proposición B (la falta de imaginación) se impone a la proposición A (ser bueno dentro de sus límites); en caso de haber sido concesiva (Svengaard era bueno dentro de sus límites, aunque le faltaba imaginación creativa), la proposición A hubiera tenido mayor peso que la “dificultad” u “obstáculo”, expresados en B.

Svengaard estaba sentado en un cómodo sillón, pero estaba atado de pies y manos. (página 141)

Mismo razonamiento de antes: la noción expresada en B (estar atado) impide la realización de la noción de A (estar cómodo).

A Svengaard le inquietó el contenido de los fardos, pero sabía que no debía preguntar ni mostrar curiosidad. (página 87).

¿Qué os voy a explicar si habéis llegado hasta aquí? ;)

Oraciones Coordinadas Explicativas

El trazo de su pincelada es una ciencia exacta. La conseguiré dentro de cuarenta o cincuenta años, es decir, será mía pronto. (página 95)

Oraciones Coordinadas Distributivas

Usted limítese a su trabajo; nosotros haremos el nuestro. (página 34)

Muy bien, hemos terminado. Hay, como podéis imaginaros, muchísimas más de casi todas las clasificaciones, siendo absolutamente omnipresentes copulativas, yuxtapuestas y adversativas. Comprenderéis, si leéis este libro, porque Herbert se hizo famoso por el ritmo casi frenético de su prosa, cimentada siempre en oraciones brevísimas y en una magistral puntuación.



Espero que la clasificación de las oraciones coordinadas y yuxtapuestas os haya quedado claro y que hayáis sentido algo de curiosidad por ese mundo de los Optimen, los Cyborg y los sterries. Ánimos a cualquier valiente que lo intente, pueda o no: valdrá la pena. Saludos.

martes, 4 de mayo de 2010

Fantasía Épica y Ciencia Ficción: mi puerta de entrada a la literatura.

Me llamo Germán, y soy profesor de Lengua y Literatura castellanas de Secundaria. Me gusta leer. Obvio, afirmarán algunos. Eres un lingüista, filólogo. La propia definición de tu carrera significa que "amas la lengua". ¿Cómo empezó esta predilección por la letra escrita? No fue, ni mucho menos, por las lecturas preceptivas que nos hacían leer en clase. Menudos tostones. Nunca se lee tan a gusto como cuando se hace por iniciativa propia, satisfaciendo tu propia curiosidad, atendiendo a tus gustos e inquietudes del momento.
Me estoy enrrollando. ¿Por qué esta entrada? ¿Por qué este blog? Hablaré sobre libros que me gustaron, sobre historias hermosas, bien escritas, otras con una calidad literaria mucho más cuestionable. Muchos de ellos se enmarcan en los géneros que me iniciaron en esta pasión por la lectura: la fantasía épica y la ciencia ficción. Sin embargo, éste es un blog educativo. ¿Cómo puede ayudarte esto en tu labor académica? Intentaré que, a la par que explico brevemente lo mejor de mis recuerdos sobre esos libros, podamos enlazarlo con la materia que estudiamos en clase, en este caso, en 3º y 4 de la E.S.O. ¿Debemos estudiar descripciones? Que mejor que hacerlo mientras nos adentramos en el mundo de la Dragonlance. ¿Diferencias de narradores? Las ilustraremos con los distintos puntos de vista que asumen Jack Vance en Los príncipes Demonio. ¿Análisis sintácticos? ¿Por qué no ver como emplea J.K. Rowling las subordinadas concesivas en su archifamosa saga de Harry Potter?. Y así, espero, podremos intentar cumplir la máxima latina que debería ser preceptiva para todo profesor: Docere et Delectare, Enseñar y Deleitar. Buena suerte y bienvenid@s todos. Empieza el viaje.