Minas Tirith: Ciudad de Reyes

lunes, 25 de abril de 2011

Prosopografías y Ponches Mágicos

Bueno, ya sabéis como va esto, a veces pasan semanas sin entradas, y en menos de veinticuatro horas se apelotonan dos: mañana, como sabéis, nos vamos de viaje de fin de curso con los de cuarto, y creo que no podré volver a pasarme hasta bien entrado mayo, así que sirva eso como justificación para estos dos posts tan consecutivos.

Hoy quería hablaros de un libro de fantasía magnífico, que conocí hace ya mucho tiempo: lo vi en la estantería hace poco y lo revisé, confirmando con un criterio actual bastante más exigente que sigue siendo un libro hermoso, bien escrito y muy recomendable. Se titula El ponche mágico, y lo escribió el escritor alemán Michael Ende en 1989. Husmeando con Google he visto que en algunas versiones se titula El ponche de los deseos; poco importa la traducción, que no le hace justicia al imponente título en alemán, nada menos que Der satanarchäolügenialkohöllische Wunschpunsch.

Michael Ende fue un escritor alemán especializado en literatura juvenil y fantástica, conocido especialmente por Momo o La historia interminable. El ponche mágico, que publicó SM en 1993, dentro de su colección El Barco de Vapor (aunque mi edición, de tapa dura, es de la colección El submarino naranja, de la misma editorial), fue traducido del alemán por J.Larriba y M.Terzi.

Su argumento gira en torno a las desventuras de dos malvados, malos con malicia, aunque con un punto entre risible – que provoca risa - y exagerado tan adecuado para la literatura juvenil o infantil. El primero se llama Belcebú Sarcasmo, y es un mago de laboratorio. La novela, de 172 páginas, transcurre durante un único día, un 31 de diciembre, que los alemanes llaman San Silvestre y nosotros reconocemos mejor como Nochevieja. Arranca la obra, os decía, a las cinco de la tarde de ese día, y cada capítulo se encabeza por un reloj que nos acerca inexorable a las campanadas de Año Nuevo, a las doce de la noche. Belcebú, os decía, es un mago solitario, abyecto, con grandes poderes maléficos que emplea siempre para causar daños al mundo: epidemias, incendios, contaminación, corrupción o extinción de animales. Sin embargo, Belcebú había firmado un contrato con sus superiores infernales comprometiéndose a realizar cada año un número mínimo de catástrofes y calamidades, y ese año no había cumplido con sus “deberes” a tiempo. La novela arranca cuando un funcionario infernal – llamado Maledictus Oruga – le visita para informarle de que será secuestrado y entregado a los peores castigos infernales si no cumple con sus obligaciones antes de la medianoche de ese mismo día de San Silvestre, momento en que expira el plazo de su contrato. Si quisiéramos extraer una moraleja de las desventuras del pobre Belcebú, ya intuís por donde iría: no dejéis vuestras obligaciones – sean infernales calamidades o deberes de Semana Santa – para el último momento...

Nuestro agobiadísmo mago recibe esa misma tarde la inesperada y muy inoportuna visita de la segunda protagonista, su tía Tirania Vampir, una regordeta y estridente bruja multiplicadineros. Resulta que ella se encuentra en la misma desesperada situación de incumplimiento contractual que su sobrino, y el implacable Oruga también le ha advertido de su inminente secuestro.

La única posibilidad que ven ambos, con apenas unas horas de tiempo, es unir sus esfuerzos para crear un terrible y poderosísimo brebaje: el legendario Ponche de los Deseos. Cada uno de ellos tiene una mitad de la receta, pero ninguno confía en el otro. Aun así, no les queda más remedio que aunar esfuerzos. Resulta gracioso ver como ambos se lanzarán a colaborar pensando siempre en traicionar al otro a la menor ocasión. El ponche que se disponen a crear responde al nombre de Ponche “genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso”, y, además de trabar la lengua de todos aquellos que intentemos pronunciarlo, cumple a la inversa todos los deseos que se formulen si se toma antes de las campanadas de San Silvestre. Si logran conseguirlo, provocarán todos los desastres naturales, enfermedades y guerras que necesitan para cumplir con sus obligaciones y librarse, por los pelos, del castigo eterno en el Infierno.

Los otros protagonistas de la novela de Ende son, obviamente, los “buenos”: nada menos que un gato panzudo y con delirios de grandeza (se cree poco menos que Pavarotti reencarnado) llamado Mauricio di Mauro y un cuervo agorero y pesimista que responde a Jacobo Osadías. Ambos son espías enviados por el Consejo de los Animales para vigilar a sus malévolos amos, y cuando descubran los terribles planes de estos, se esforzarán por impedir que el ponche mágico pueda ser concluido a tiempo, debido a todas las catástrofes que se desencadenarían entonces.

Os invito a leer esta novela, con la que espero disfrutéis como yo hice. Tiene momentos de humor realmente brillantes, narra con genio y enorme imaginación la elaboración del poderoso ponche y traza de forma enganchante el retrato de Belcebú y Tirania, dos personajes odiosos, que desconfían de todo y de todos y que se comportan con descarado egoísmo y maldad, estresados y desesperados por eludir la amenaza de sus benefactores Infernales.

Precisamente, refrescaremos un concepto muy simple, que vimos en tercero hace poco: entre los elementos de la narración, recordaréis que os expliqué la PROSOPOGRAFÍA; se trataba de la descripción de los rasgos físicos de un personaje. Otro día nos ocuparemos de las descripciones psicológicas, las etopeyas, pero hoy vamos a ver las prosopografías de los dos protagonistas de El ponche mágico de Michael Ende. Observad:


Su alta y esquelética figura se hallaba cubierta con una bata plisada de seda verde cardenillo (este era el color preferido del Consejero Secreto de Magia). Su cabeza, pequeña y calva, parecía apergaminada, como una manzana rugosa. Sobre su nariz aguileña se asentaban unas gafas enormes de armadura negra y con unos cristales, fulgurantes y gruesos como lupas, que agrandaban sus ojos de forma poco natural. Las orejas le colgaban de la cabeza como el asa del cubo. Tenía la boca tan estrecha como si se la hubieran abierto en la cara con una navaja de afeitar. En resumidas cuentas, no era precisamente un tipo en el que se puede confiar a primera vista.

(Michael ENDE, El ponche mágico. SM, 1993, página 6)


Como veis, el autor emplea comparaciones, se fija en sus rasgos más llamativos, nos pinta colores, impresiones, para que la imagen de este siniestro Belcebú Sarcasmo cobre vida en nuestras cabezas. Vamos ahora con la prosopografía de su “estimadísima” tía, la bruja Tirania Vampir:

Tirania Vampir […] era relativamente pequeña, al menos en comparación con la estatura de Sarcasmo. En cambio, era increíblemente gorda.

Su vestuario consistía en un traje de noche amarillo azufre, con muchas rayas negras, de modo que parecía una enorme avispa. (De hecho, el amarillo azufre era su color preferido.)

Iba cubierta de joyas, en incluso sus dientes eran de oro macizo y estaban empastados con brillantes. Llevaba un anillo en cada uno de sus regordetes dedos y hasta las uñas estaban lacadas en oro. Se cubría la cabeza con un sombrero que era tan grande como una rueda de coche, y en cuya ala tintineaban centenares de monedas.

(Michael ENDE, El ponche mágico. SM, 1993, página 51)


Ya habéis visto que Ende describe a sus dos protagonistas con una considerable dosis de sentido del humor. Intentar imaginarte a estos dos y que no se te escape la risa es una tarea ardua. Las prosopografías pretenden ser fotografías para los lectores, por ello debemos incluir suficientes detalles: los ojos, la cabeza, nariz, manos y uñas, estatura, complexión, cabello o ausencia de él, vestuarios, gafas, dentaduras, etc. Todo ello no está reñido con emplear imágenes poéticas, recursos expresivos como metáforas, comparaciones o hipérboles – exageraciones – para hacer más atractiva nuestra prosopografía.

Si leéis El ponche mágico podéis encontrar más prosopografías de los distintos personajes que pueblan sus páginas, como Maurizio, Jacobo, los gnomos o el mismísimo San Silvestre; y si no os gustan las propuestas de Ende, siempre podéis imaginar una propia. Es la grandeza de la literatura: tu imaginación es libre, y aunque ello exija un esfuerzo mayor que el de mero consumidor – como cuando ves la imagen en una película o serie –, puedes imaginarte a los personajes como prefieras. Practicad este recurso de las descripciones físicas y que disfrutéis El ponche mágico. Ahora sí, buen final de vacaciones, y hasta la próxima. Salud.

domingo, 24 de abril de 2011

Adverbiales Consecutivas en El Refugio


Día de resaca de libros, rosas y disfrute del final de nuestras vacaciones. Como el mal tiempo parece empeñado en alejarnos a todos de cualquier atisbo de playa o buena excursión, atendamos un poco a este espacio. Para hoy, unas palabras de elogio hacia vuestros compañeros de 4º de ESO: durante este curso han trabajado con solvencia las oraciones compuestas, y antes de emprender el viaje de fin de curso, logramos ver los nueve tipos principales que esquematizamos en un post ya bastante lejano. Esta entrada se referirá, de forma específica, al análisis de una de las subordinadas adverbiales que más fallos acarrea, las Consecutivas. Además de aclarar – espero – todos los pasos para analizarlas correctamente, hablaremos del tercer libro de una de las mejores trilogías de los Reinos Olvidados: El elfo oscuro, de R.A. Salvatore. Ese tercer libro se titula El refugio. Hay unanimidad entre mis amigos que lo han leído en que esta tercera parte es la peor de la trilogía, opinión que comparto, pero ello no implica que sea un mal libro y que no merezca la pena conocerlo: tiene más que ver con las dos extraordinarias primeras partes, La morada y El exilio, que eran simplemente excelentes. No siempre podíamos – aunque lo deseáramos – pedirle obras maestras a Salvatore. Fijémonos pues, en el argumento de El refugio, que oculto debajo del ya mencionado recurso del Spoiler – por si alguien no ha leído las primeras partes de la trilogía – y después nos centraremos en el análisis de las Subordinadas Adverbiales Consecutivas.

ARGUMENTO DE EL REFUGIO, TERCERA PARTE DE LA TRILOGÍA EL ELFO OSCURO (clic para expandir, yo me leería antes las dos primeras partes...)

El exilio (Libro II de El Elfo Oscuro) había acabado con uno de esos “momentazos” que se convierten en memorables para los amantes de la fantasía épica. Drizzt y sus amigos – la pantera Ghenwyvar, el enano svirfnebli Belwar Dissengulp y el pobre Clak – habían logrado sobrevivir a duras penas al último y demoníaco intento de la matrona Malicia Do'Urden – la madre de Drizzt – de exterminarlos a todos para congraciarse así con la diosa Lloth. En su último y desesperado intento, Malicia había levantado de entre los muertos al mismísimo padre de Drizzt, el antiguo maestro de armas Zaknafein, convirtiéndolo en un terrible espectro guerrero, un zin-carla, y lo había lanzado contra su propio hijo, al que Malicia odiaba más que a nada en el mundo. Sin embargo, tras las aventuras en la Infraoscuridad y la captura a manos de los odiosos ilícidos, Zaknafein había logrado resistir a la malvada voluntad de la matrona y... Por mucho que esto esté bajo la marca del spoiler, leedlo vosotros mismos en los magníficos capítulos 24 y 25 de El refugio. Vale la pena. En cualquier caso, Drizzt y sus amigos habían salvado la vida por los pelos y tras enormes peligros, y se había convencido finalmente que nunca estaría a salvo en la Infraoscuridad, pues el rencor de su familia no se extinguiría mientras quedara vivo uno solo de ellos; más aún, todos los drows de Menzoberranzan pretendían ahora la fama y gloria que supondría matar al renegado hijo de Malicia. Tras comprender esto, os decía, Drizzt decide al final de El exilio abandonar la Infraoscuridad para siempre y salir a la superficie, a los Reinos Olvidados. En El refugio R.A. Salvatore nos narra las primera peripecias de su célebre personaje en la superficie de Faërun.

La tierra a la que llegará se encuentra en el lejano Norte, aún no en el Valle del Viento Helado, pero sí más allá de Sundabar. Los problemas con los que se encuentra al principio del libro reflejan lo traumático de un cambio de vida radical, en todas sus facetas. Acostumbrado a la oscuridad perpetua de la vida bajo tierra, a Drizzt le llevan semanas soportar a duras penas la luz del Sol; todas sus prendas o armas se desvanecen al contacto con la luz del día. Todo cuanto le rodea es nuevo y desconocido para él: desde una montaña, las nubes, los animales salvajes, los árboles a las construcciones de los humanos y el ajetreo de un asentamiento “normal”. Él sólo había conocido fortificaciones en perpetuo estado de alerta ante las incursiones de los drows, y jamás había concebido una existencia plácida como la de un pastor, un comerciante o un artesano. Además, se encuentra muy solo, acompañado sólo por Ghenwyvar, como le ocurrió al iniciarse El exilio.

Sus primeros acercamientos a la gente de la superficie son catastróficos: aunque él sea, como ya sabemos, noble, justo y de buen corazón, su aspecto sigue siendo el de un Elfo Oscuro, un Drow: piel oscura, pelo blanco, estatura media y ligerísima complexión. Y en la superficie, los drows están entre las más temidas – y odiadas – criaturas de Faërun, por su interminable historial de sanguinaria y cruel violencia. Así que Drizzt sufre en sus carnes la incomprensión y el rechazo por cuestiones raciales, sin que nadie se atreva, al principio, a conocerle como individuo. Casi todos huyen gritando aterrorizados y otros, los menos, intentan matarlo en cuanto se pone a tiro de sus espadas, flechas o hechizos.

En este libro empezarán a desarrollarse rasgos que luego eclosionarán en uno de los mayores y más complejos héroes del imaginario de la saga de los Reinos Olvidados. Su recto sentido de la justicia, su estoicismo, su disposición a jugarse la vida por gente que le desprecia, sin esperar nada a cambio, una tendencia a la vida solitaria y el secreto anhelo de ser aceptado, de ser amado, que en suma mueve a todas las criaturas de este y otros tantos mundos fantásticos.


Muy pronto, los rumores sobre la aparición de un drow en la superficie llegarán a aventureros avezados, como el grupo de Paloma Garra de Halcón; pero también a un grupo de malvadas criaturas, encabezadas por un cachorro de barje – un diablo menor – y su gigante de la colina doméstico, que intentarán que las culpas de sus pillajes, robos y asesinatos caiga sobre la mala fama de Drizzt Do'Urden. El conflicto está servido. No está mal como bienvenida a su nuevo “hogar”.

Con todo, el personaje clave de El refugio se llama Montolio. Se trata de un antiguo y anciano vigilante, servidor de la diosa Mielikki, que se había retirado a una vida de ermitaño retirado. Será Montolio el que por primera vez vea las auténticas virtudes y valor de Drizzt, y paradójicamente, lo hará sin necesidad de ojos, pues se había quedado ciego mucho tiempo atrás. Gracias a él, Drizzt aprenderá a sobrevivir, los aspectos fundamentales de la vida en Faërun. Será, a un tiempo, mentor, maestro, amigo y padre.


Si queréis saber como se salda la primera aventura fuera de la Infraoscuridad de este legendario héroe, Drizzt Do'Urden, no dejéis de leer esta culminación de la magnífica trilogía El Elfo Oscuro de R.A.Salvatore.

Tras este repaso al argumento de El refugio, extraeremos del libro algún ejemplo de oración subordinada consecutiva y lo analizaremos paso por paso. Primero, refrescemos el concepto, muy sencillo.

Las subordinadas adverbiales consecutivas expresan una CONSECUENCIA de la acción expresada en la oración principal. Es decir, en la oración principal pasa algo, se expresa algo, que tiene como consecuencia lo que expresa la subordinada.

Veamos este ejemplo, que encontré en el primer capítulo, Lecciones malolientes, en la página 628 de la edición que manejo:


Drizzt entendía la lengua goblin, pero el dialecto del gnoll era tan extraño que sólo alcanzó a entender unas pocas palabras, «amigo» y «líder» entre ellas.


Mirémosla con atención: hay una oración principal, 'el dialecto del gnoll era tan extraño'. Un gnoll es una malvada criatura, humanoide de dos metros que recuerda bastante a una hiena; pues bien, habla de una forma muy rara, con un dialecto muy incomprensible. Este hecho, expresado en la oración principal, tiene una consecuencia posterior: que Drizz casi no le entienda. Esa consecuencia es precisamente la proposición subordinada adverbial consecutiva: 'que (Drizzt) sólo alcanzó a entender unas pocas palabras'.

En las consecutivas solemos emplear dos nexos correlativos. TAN... QUE, TANTO... QUE son los más habituales. Sin embargo, la primera parte del nexo (en este caso, TAN) es, además de un nexo, un adverbio normal dentro de la oración, y debemos ponerle función como a cualquier adverbio.

Veamos como analizaríamos esta consecutiva.

1 – Primero, analizaremos las categorías gramaticales de todas las palabras:

2 – Después, las agrupamos en Sintagmas. Recordad que, aparte del Nexo, no puede quedar ninguna palabra “suelta”: si os ocurre eso, volved a mirar, que se os ha pasado algo. Quedaría algo parecido a esto:
3- Ahora, tras hacer esto, vemos que hay dos Sintagmas Verbales, dos verbos conjugados: 'era' y 'alcanzó'. Ello implica que tiene que haber dos oraciones. ¿Cuál será la principal y cuál la subordinada? La principal es independiente, la dominante, mientras que la subordinada sólo cumple una función hacia aquella y no tiene sentido por sí sola. Busquemos el nexo, en este caso los dos nexos correlativos, y delimitemos principal y subordinada. Pero no os olvidéis que, ya en el segundo paso, al 'nexo'-adverbio TAN ya le hemos puesto su función respecto al adjetivo extraño: un simple Complemento del Adjetivo.

4 – Ya hemos delimitado cuál es la subordinada. Como siempre, ahora la analizamos por completo, olvidándonos del análisis de la principal. Cuando acabemos, recordad que tratando de subordinadas, la unión del Sujeto y el SV no producirá una oración, sino una PROPOSICIÓN.
5 – Acabado el análisis de la subordinada adverbial, tenéis que pensar que esa PROP tiene que tener una función respecto al verbo principal, y siempre será de COMPLEMENTO CIRCUNSTANCIAL, en este caso, de CONSECUENCIA. Acabemos el análisis de la principal.
Y con esto, hemos acabado el análisis. Espero que no os suponga ningún problema. Prestad atención al nexo correlativo – TAN -, y no olvidéis que cumple una doble función: la de introducir la subordinada adverbial, pero también la suya propia como adverbio normal, en este caso de complemento del adjetivo al que acompaña y cuantifica.

Ánimos a los valientes que hayáis llegado hasta aquí. Aunque sólo sea por eso, echadle un vistazo al libro de El refugio buscando más consecutivas y practicad su análisis. Espero que el post haya sido de utilidad: si aún persiste alguna duda, armaos de tiza o boli y venid a verme. Un saludo, que acabéis de pasar buenas vacaciones.


domingo, 17 de abril de 2011

Semana de Dragones

A menos de una semana de celebrar Sant Jordi, permitidme una reflexión sobre el imaginario que rodea la que, para mí, es la más hermosa de las fiestas de nuestra tierra. Cualquiera que me conozca, sea por leerme o por sufrir mis clases, sabe que mi personaje favorito de entre los que pueblan el Día de la Rosa siempre será el Dragón. Unas palabras sobre estos animales majestuosos de tantas y tan variadas mitologías en este blog de fantasía épica es lo mínimo que puede esperarse en esta semana que debe acabar con libros y rosas para todos y todas.

Gracias a la Wikipedia – por cierto, os expliqué el acrónimo de ese potente y fecundo neologismo, ¿no?. WIKI significa en inglés “What I Know Is”, es decir, “Lo que Sé Es...” -, podemos ver que la figura del Dragón es una constante en muchas tradiciones mitológicas, no sólo occidentales. Sus simbolismos son muy diversos, ya que pueden llegar a representar tanto el Mal más absoluto como las más nobles y caras virtudes. A menudo han representado los mayores desafíos para los paladines o caballeros que se han enfrentado a ellos, como nuestro Sant Jordi, que no sólo podían recurrir a la fuerza bruta para contrarrestar sus muchos poderes y armas. Su nombre siempre se asocia, en cualquier caso, al Poder, a la reverencia y el terror que inspiran estos monstruos tremendos.



Yo quiero hablaros de unos Dragones distintos: los que pueblan y protagonizan la saga Dragonlance, de la que tantas veces os he hablado aquí. Con uno de estos libros leí por primera vez sobre estos animales, y la fascinación no me abandonó jamás. Y siempre los tuve como referente, quizá porque fueran los primeros, aunque después conocí a muchos más: desde el gran Smaug que protagoniza El hobbit de Tolkien, a los que sobrevuelan Faërun, el mundo de la Puerta de la Muerte, los legendarios de la Primera Edad de la Tierra Media (Ancalagon, siempre me encantó ese nombre), los de la sagas de Eragon o los de videojuegos como Warcraft o Baldur's Gate... Con todo, los Dragones de Krynn, originalmente concebidos por Weis y Hickman, serán siempre de mis predilectos. A lo largo de los libros posteriores, todos los autores del universo Dragonlance coincidieron siempre – a veces como único nexo común entre estilos y formas de escribir muy dispares – en narrar con acierto esa mezcla de temor reverencial y admiración sin límites de los habitantes de Ansalon – y a través de ellos, de los lectores – hacia esos seres que aunaban todas las virtudes y dones que pueden concebirse. Veamos algunas de esas características.

Los Dragones del mundo de Krynn son fuertes, resistentes, poseen una piel escamosa prácticamente invulnerable, exhalan terribles llamaradas – o cualquier otro tipo de perrerías, tales como nubes ácidas en el caso de los Verdes, andanadas de hielo los Blancos o descargas eléctricas los Azules –, pueden volar a grandes velocidades y poseen una cola sinuosa repleta de espinas y púas que puede azotar a enorme velocidad y con devastadores resultados. Por si fuera poco, añadidles una amenazadora boca repleta de inmensos colmillos, un apetito equivalente al de tantos dones – es decir, donde vosotros veis un hermoso caballo, ellos ven un apetecible canapé. Imaginad que pensarían si os vieran correr a vosotros... -, una longevidad de muchos siglos de vida y unos extraordinarios poderes mágicos, que les ponen sólo por debajo de los mejores Archimagos en cuanto a destrezas arcanas.

¿Demasiadas virtudes, verdad? A efectos de una serie de aventuras en las que muchas veces los protagonistas se ven abocados a desafiar a estas criaturas, pueden parecer un obstáculo demasiado insalvable.

Quizá como contrapeso, para hacer las cosas más interesantes, los Dragones de Krynn también destacan en sus defectos o carencias, muchas veces tan monstruosos o colosales como la larga lista de sus dones. En general, los Dragones maléficos, servidores de la Reina de la Oscuridad, son brutalmente individualistas, crueles y arrogantes. Rechazan unirse con sus demás congéneres dragones (excepto los Azules, los más sociables) porque siempre se consideran a sí mismos los mejores de todo Krynn. Son rencorosos, no olvidan una afrenta, y rebajarse a tener tratos con los mortales – cuando este no se reduce a incinerarlos a todos, su forma preferida de interactuación – les produce asco, hastío y repulsión. Además, son tremendamente codiciosos, y gustan de acumular enormes tesoros que acaparan... ¿por qué deben acapararlos? ¿Para ir a comprar a La Farga? Siempre me pregunté para qué le servían las monedas de oro y los diamantes a un Dragón que, obviamente, no tiene intención de comprarle nada a los insignificantes humanos. En ocasiones leí que era el brillo de los objetos preciosos y el frío tacto del oro y la plata en sus escamas lo que les atraía. Y sin embargo, nunca los vi tendidos en lechos de cristal o lentejuelas ni de burdo acero...

Eso, en cuanto a los Dragones maléficos. Otro día os hablaré sobre uno de los más perversos e interesantes con los que me he topado, un ejemplo de libro de todas las virtudes y defectos de los que os he venido hablando: Immolatus, que aparece en la tetralogía La forja de un Túnica Negra. Aún recuerdo la frase que un estremecido Par-Salian lee sobre él en El Libro de los Dragones: “...el favorito de la Reina Oscura, el gran Rojo conocido como Immolatus”.

En cuanto a los predilectos de Paladine, el Dios del Bien, los Dragones metálicos no son ni mucho menos tan crueles ni sanguinarios como sus congéneres del Mal, pero aún así son altivos, orgullosos y no gustan demasiado de tratar con los simples mortales, a los que ven como nosotros contemplamos a los animales: puede que con cariño, pero nunca ni remotamente a su nivel. La excepción, claro, está en los míticos Dragones Plateados, cuya tendencia a enamorarse de mortales y a tomar formas humanas produce las mejores y más brillantes páginas de esta saga.


Hoy no repasaremos un concepto de clase, en atención a vuestras merecidas vacaciones, pero os voy a recomendar un cuento, muy breve, y bellamente ilustrativo de todo cuanto os he contado aquí. Es uno de los mejores de cuantos he leído en las colecciones de Cuentos de la Dragonlance, bastante fecunda tras casi un cuarto de siglo de publicaciones. Se titula Los huevos de Aurora, y lo escribió uno de los primeros espadas del género, Douglas Niles; garantía de calidad. Es el último cuento de la recopilación Los dragones en guerra, supervisada por Weis y Hickman y publicada en España por Timun Mas en 1999, traducida por Marta Mabres. Podéis encontrar Los huevos de Aurora en las páginas 184 a 211: como veis, un cuento muy breve, de menos de treinta páginas, para que no me acuséis de recomendar siempre libros kilométricos, pero muy bien escrito; lo considero una inmejorable forma de conocer por primera vez a los Dragones que surcan los cielos de Krynn y, como dice el Cántico, los sueños de todos aquellos que una vez conocimos este mundo fantástico. Espero que alguien se anime a conocer a esta inolvidable hembra de Dragón Dorado llamada Aurora. Que lo disfrutéis, y paséis muy buenas vacaciones. Salud a todos.

viernes, 25 de marzo de 2011

El "SE" impersonalizador en La cruzada de las Máquinas


Demasiados días de la mano de Elfos, Magos y criaturas legendarias, ¿no os parece? Es hoy buen momento para retomar una trilogía de la que ya os hablé el año pasado: las Leyendas de Dune. Si en aquel ya lejano post repasábamos las palabras compuestas con la primera parte de la trilogía, La Yihad Butleriana, hoy rescatamos el segundo libro de la saga, titulado La cruzada de las máquinas y obra, de nuevo, de Brian Herbert – el hijo del autor original de Dune, Frank Herbert – y Kevin J. Anderson. En España lo editó DeBols!llo, la línea económica de Mondadori, en 2007; está espléndidamente volcado al castellano por Encarna Quijada.

Hablando de una segunda parte, resulta casi innecesario decir esto, pero por si acaso, no está de más: tenéis que haber leído primero La Yihad Butleriana para enteraros del libro que hoy nos ocupa aquí. Si no os gustó la primera parte, o no la habéis leído, este post tiene muy poquito sentido para vosotros, aparte del recurso que refrescaremos hoy con algunos ejemplos del libro: las oraciones impersonales con “SE”. En cualquier caso, nunca está de más ensayar nuevos recursos, y para el habitual repaso sobre el argumento de este libro de ciencia ficción, emplearé la función del Spoiler, y de paso os explicaré este neologismo y anglicismo que nos ha traído la era 2.0.

En los blogs, foros y demás interacciones en la Red, se denomina SPOILER a aquel que – involuntariamente o no, los hay con muy mala baba – desvelan el final o detalles de la trama de alguna obra: “chafadores” de finales y destripadores de misterios. Pues bien, para evitar caer en esta incómoda e impopular categoría, Blogger nos permite “ocultar” parte del contenido de un artículo bajo un tag de Spoiler: así, el interesado puede acceder al “contenido oculto” con un solo clic, pero a sabiendas de que puede encontrarse detalles relativos a la obra o saga sobre la que está leyendo. Tú ya le habrás avisado, lo que haga es cosa suya. Es una norma de cortesía que os recomiendo usar cuando seáis, no consumidores, sino generadores de contenido en Internet. Si empleáis Blogger como yo, podéis aprender como introducir Spoilers en vuestro blog en este enlace.

Como os decía, veamos primero el argumento de La cruzada de las Máquinas.

AVISO DE SPOILER


Siguiendo con la múltiple perspectiva que ya habían ensayado en La Yihad Butleriana, Herbert y Anderson nos llevan a través de la terrible guerra entre humanos libres y las Máquinas Pensantes de Omnius. La Yihad, o Cruzada contra las Máquinas, se encendió tras el brutal e inhumano asesinato del pequeño hijo de Serena Butler a manos del robot Erasmo, y ya le ha costado a la humanidad millones de vidas como tributo. La Tierra ha sido arrasada, los yihadistas se han diseminado por el Universo luchando contras la fría y eficaz inteligencia asesina de los siervos de Omnius. Han pasado veinticinco años desde el final del primer libro, y nada indica que tan colosal conflicto tenga visos de acabar.

Siguiendo el patrón del Dune original – no hablamos de calidad ni excelencia -, en La cruzada de las máquinas se suceden los episodios, breves e introducidos por una cita inventada pero coherente, donde se nos regalan frescos de los distintos escenarios y situaciones del Universo humano: la tormentosa relación dentro de la Yihad de Vorian Atreides y Xavier Harkonnen, aún condicionados ambos por la presencia recluida y monacal de Serena; la vida de los esclavos zensunnies, oprimidos, que se debaten entre la fe no violenta de Ishmael y el violento activismo de Aliid; la vida de los montagusanos de Selim, el joven expulsado de su sietch con injusticia que aprendió a domar a los inmensos gusanos de arena de Arrakis, el planeta desértico, a los que él y los suyos veneran como Shai-Hulud. Para todos los que leímos fascinados sobre los Fremen, es gratificante poder asistir a la génesis del “pueblo”, de su cultura, de su relación con los gusanos, el origen de todo lo que diez mil años después daría lugar a la trama del Dune original.

Además, no faltarán en este libro las tramas políticas, siempre con ese miserable manipulador de Iblis Ginjo a la cabeza, dispuesto a emplear el justo empeño yihadista en beneficio propio; sus movimientos, como la creación de esa inquietante Yipol y su séquito de sicarios – definición más justa que la de colaboradores –, nos dibujan a un autoritario y poco escrupuloso político al frente del empeño humano por librarse de Omnius. Es interesante también la intervención de los Pensadores y los avances hacia instituciones que los lectores del Dune original ya conocemos: por ejemplo, los prestigiosos médicos Suk, cuyo distintivo lucirá milenios después el doctor Yueh; los maestros de armas de Ginaz; o los inventos que revolucionarán algún día los viajes espaciales, de la mano del prodigioso genio de Norma Cenva.

El personaje, esta joven maravillosa, Norma Cenva, retratada por los autores con profusión, especialmente en su relación con su bella y arrogante madre, la hechicera Zufa y el amante de esta, Aurelius Venport, fue mi hallazgo preferido en este libro, pero tiene muchas otras virtudes si os gusta esta magnífica saga de ciencia ficción.


Todos estos personajes, por supuesto, añadirán a sus tribulaciones e historias personales el peligro común, amenaza vertebradora para todos los Humanos libres, de la Cruzada contra Omnius. La supermente, junto a sus creadores y ahora esclavos Titanes y su poliédrico e independiente consejero Erasmo, planea la extinción de la raza humana por simples razones de eficiencia. Los fríos cálculos de su lógica no tienen nada que ver con rencor, venganza o ansias de conquista: sus cálculos dicen que el Universo funcionaría mucho mejor sin humanidad en él. La lucha entre esas dos voluntades (aniquilación y supervivencia) impregna cada página de este fresco sobre un mundo fascinante, originalmente ideado por el norteamericano Frank Herbert hace menos de medio siglo. No os lo perdáis. En el futuro, concluiremos nuestra introducción a esta trilogía de las Leyendas de Dune con un post dedicado a su tercer y último libro, La batalla de Corrin.

En cuanto al concepto de clase que quería ver hoy, se trata de un tipo de Oraciones impersonales, que hemos estado estudiando estos días en 3º de ESO. Recordaremos el uso del “se” impersonalizador empleando algunos ejemplos de La cruzada de las máquinas.

Como dijimos, las oraciones impersonales son aquellas que no tienen SUJETO. Tened cuidado: no aquellas en las que no aparece el sujeto, pero sí que lo tienen, aunque sea elíptico, no explícito; solo las que no tienen sujeto en ninguna parte, ni siquiera escondido.

Entre las oraciones impersonales que vimos estaba una construcción sintáctica que emplea el pronombre “SE” como marca de impersonalización. Las razones de este proceso no tienen que ver con la sintaxis: por algún motivo, al hablante le interesa apartar la atención del verdadero sujeto de la acción (que lo hay) y opta por ocultarlo detrás de ese pronombre inocentón, el “SE”. En clase os lo explico con el ejemplo del jarrón. Os habéis cargado de un balonazo el jarrón chino de metro veinte de vuestra madre. Cuando llegue, podéis optar por una valentía suicida, y admitir vuestra condición de sujetos rompe-jarrones:


(Yo) He roto tu jarrón favorito.


o emplear esta estructura de la que hablamos, y convertir la explicación en una oración impersonal, sin sujeto:


Se ha roto tu jarrón favorito.


Casi siempre me decís que eso no os libraría de una probable y merecida explosión de furia, pero no nos confundamos: podéis saber hacer muy bien oraciones impersonales, pero nuestras madres no tienen ni un pelo de tontas.

Veamos un ejemplo de oración impersonales con “se” extraída de La cruzada de las máquinas:


Lord Bludd se sentía satisfecho; SE habían contratado todos los esclavos necesarios para la construcción y acondicionamiento del hangar.


Como veis, ese miserable y enriquecido noble de Poritrin declina “ensuciarse” las manos, y prefiere pensar que él no ha contratado a esclavos: “se” han ocupado de ello, en abstracto. ¿Quiénes? La oración es impersonal precisamente porque al emisor no le interesa focalizar la atención en el sujeto, sino en el objeto: precisamente, para el gordinflón y sibarita lord Niko Bludd los esclavos zensunníes son eso, objetos. En este caso, “todos los esclavos necesarios...” es el Complemento Directo de “habían contratado”. La oración no tiene sujeto, y la analizaríamos así: tras el SV, Oración Impersonal. Otro ejemplo:


- Los yihadíes y los mercenarios – dijo Serena – no son los únicos que luchan en nuestra guerra santa. Es hora de que SE reconozca y bendiga a otros que nos aportan tantas contribuciones...


En este caso, Serena Butler impersonaliza la frase porque quiere expresar que lo importante no es el Sujeto (tendría que ser una acción de toda la humanidad), sino las acciones expresadas por los verbos (reconocimiento y bendiciones) y el destinatario de las mismas ("a otros que..." sería el CD de persona). Oculta tras el SE está la idea del sujeto, así que de nuevo estamos ante una oración impersonal.

Es importante otra cosa: tampoco pensemos ahora que siempre que veamos un “SE” estamos ante una oración impersonal. Ya sabéis que es un pronombre muy común, por ejemplo, en las oraciones Pasivas reflejas, que sí tienen sujeto y no tienen nada que ver con la impersonalidad:


Ahora, gracias a los manejos políticos y a la avaricia de Holtzman, [Tuk Keedair] debería afeitarSE la cabeza.

En este caso, el sujeto, Tuk, realiza la acción de afeitar y es a la vez el destinatario o Complemento Indirecto de la misma, expresado en el SE fijado como sufijo al verbo. Ya lo habéis visto: con atención y teniendo claras las estructuras, la sintaxis no tiene dificultad.

Hay más ejemplos de la estructura sintáctica que hemos estudiado en estas páginas de ciencia ficción. Espero que las visitéis, con ese fin o simplemente por pasar un buen rato, y que el concepto de las Impersonales con el pronombre “SE” esté claro. Ante cualquier duda, ya sabéis. Hasta la próxima, buen fin de semana.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Minotauros en la Dragonlance

A menudo hemos hablado en clase sobre el Mito del Minotauro. Como sabéis, la esposa del malvado rey Minos concibió un hijo con un toro – no especulemos sobre el proceso –, y de tal unión surgió el Minotauro, un hombre de enormes dimensiones con cabeza de toro. Para ocultar a tal engendro y divertirse mientras saciaba su hambre devorando atenienses, Minos ordenó al célebre ingeniero Dédalo que construyera un Laberinto. Y en el centro moraba el terrible Minotauro, alimentándonse de aquellos desventurados perdidos que intentaban encontrar la salida en aquel tortuoso edificio. Allí permaneció hasta caer en manos del heroico Teseo, que había entrado al Laberinto guiado por el hilo de Ariadna, la bellísima hija de Minos que se había enamorado de él.

En el post de hoy veremos que los Minotauros son una criatura mitológica y legendaria común en muchos mundos de fantasía épica: Warhammer, Reinos Olvidados o la Dragonlance. Hoy hablaré un poco sobre estos últimos, pues son los que más conozco. Los minotauros del mundo de Krynn son toda una raza, los elegidos del dios Sargonnas, El de los Grandes Cuernos; el Dios Minotauro había sido el consorte de la Reina de la Oscuridad, y sus hijos nacieron esclavizados por los Ogros. Con el tiempo, los Ogros cayeron en decadencia, el poder de los Minotauros aumentó y finalmente se libraron de sus cadenas, huyendo hacia el salvaje noreste, a los reinos de Mithas y Karnay. El cataclismo podría haber acabado con esta combativa raza, pues tras la hecatombe se encontraron viviendo en islas, Mithas y Karnay, separadas del continente y enfrentados al terrible Remolino del Mar Sangriento de Istar.


Esto no amilanó a los Minotauros, que se adaptaron admirablemente a sus nuevas necesidades: se convirtieron en los mejores marineros de Krynn; sus buques de guerra eran temidos en todos los mares, y a ello se aunaba su terrible destreza en la batalla y la formidable resistencia que les confería su condición de hombres-toro. Durante siglos, se fortalecieron, pero, salvo contadísimas excepciones – como la del legendario Kaz el Minotauro, del que hablaremos otro día - eran prácticamente desconocidos para la gente corriente de Krynn de la época de la Guerra de la Lanza. Hoy os voy a hablar de un texto considerablemente raro pero muy útil como “introducción” a las razas legendarias de Krynn. Se llama “El manuscrito de Dunstan VanEyre”, y es un relato de 98 páginas incluido en los Apéndices de la Dragonlance, editados por Margaret Weis y Tracy Hickman y publicados en España por Timun Mas en 1990. El libro es un glosario de curiosidades sobre la saga, y se concibió para leerse tras las Crónicas y las Leyendas de la Dragonlance: de lo contrario, leeríais detalles de la trama que constituirían todo un spoiler.

El relato del que os hablaba, el Manuscrito de Dunstan VanEyre – páginas 145 a 243 en la edición que empleo – narra las peripecias de un par de jóvenes escribas, enviados de Astinus de Palanthas, en busca de información. El relato se convierte en una sucesión de aventuras y entrevistas en las que ambos estudiosos – el intrépido Wensel y el sensato Dunstan – recopilan información sobre las razas de Krynn de las que no se había ocupado el Esteta Bertrem. El fragmento que me interesa es el referido a los minotauros: como no podía ser de otra forma, nuestros desventurados protagonistas son capturados por unos buques de guerra de Mithas y Karthay cerca de Schallsea, tras un brutal abordaje a la nave que les transportaba, la Danzarina de las Olas. Tras embaucar al capitán de la tripulación, Dunstan y Wensel se lanzan a una entrevista regada con aguardiente enano con el enorme minotauro, en la que le cuestionan sobre los aspectos más relevantes de su pueblo.

De la entrevista con el capitán Mardas, Dunstan extrae muchas conclusiones: son un pueblo de guerreros, brutal y violento; su emperador se elige en la arena, a la manera de los gladiadores romanos, por lo que gobierna el más fuerte. Se consideran superiores a los insignificantes humanos y demás razas inferiores, pero toleran su compañía cuando puedan sacar provecho. Adoran a Sargonnas, y se creen llamados a dominar el mundo. Además, su pericia como marineros les ha hecho extenderse más allá del continente de Ansalon, a ultramar. Se vanaglorian de su superioridad , en suma, en todos y cada uno de los aspectos de su existencia.Como habéis podido deducir, los minotauros están encantados de conocerse a sí mismos. Son una fuerza brutal en la batalla, pero también son conocidos por pendencieros, crueles, cabezotas y, en ocasiones, poco ágiles de pensamiento. Pero de vez en cuando nos encontramos con otros personajes fascinantes entre el pueblo de Sargas: respetuosos con un estricto y personalísimo sentido del honor y de la lealtad; valientes, rayando a veces la temeridad, y abiertos a reconocer, pese a que sea a regañadientes, las virtudes y hazañas de los restantes habitantes de Krynn. Y en la vasta galería de Héroes del mundo de Krynn reconocemos sin duda a algunos de los hombres-toro más célebres: Kaz, el compañero de Huma, Caballero de Solamnia; o Galdar, amigo leal de Mina, la Elegida del Único.

Hay numerosos relatos y cuentos en la saga Dragonlance en la que veréis a esta criatura fantástica surgida, no lo olvidéis, de la mitología grecolatina. El hijo de Minos es el antecedente a todos los Minotauros que pueblan los mundos de Krynn o Faerün. Antecedentes clásicos en libros de fantasía juvenil: qué cosas tiene la vida. Espero que os haya gustado y os animéis a leer el relato de Dunstan sobre los minotauros y las restantes razas de Krynn. Pasaréis un buen rato, os lo garantizo; estos Apéndices de la Dragonlance son un recomendable libro de miscelánea y curiosidades para los amantes de esta colección. Hasta la próxima.

domingo, 20 de marzo de 2011

El terror escénico de Ce'Nedra

El ajetreo de estos días me ha impedido dedicarle el tiempo necesario al blog, pero temo que esa será la tónica en estos meses: no la abandonaré nunca, pero mis visitas serán más espaciadas, entre evaluaciones, oposiciones y todo lo demás. Con todo vuelvo a estar aquí, y quería empezar con un agradecimiento a mi amigo Kaji. Me está ayudando con el aspecto visual del blog, que hasta ahora parecía diseñado por un daltónico adicto al neón, y le agradezco su virtuosismo con el Photoshop. Los amigos estudiantes de Arte son más útiles que nunca estos días: mersis, cumpany.

Para el post de hoy, me referiré a un libro de David Eddings, el cuarto volumen de una saga que ya hemos visitado antes, las Crónicas de Belgarath: se titula El castillo de la magia, y una reciente situación en clase me lo trajo a la memoria.

Veréis, estos días estamos practicando en las distintas clases la expresión oral, ese difícil ejercicio de hablar bien en público que tantos disgustos os trae a veces y que tanto odio concentra en mi persona. Pese a su impopularidad, debemos insistir: la competencia para hablar bien en público, con una correcta cadencia, dominio del discurso y de la expresión corporal, gestual y facil es imprescindible en estos días de continua interacción social. Será imposible sortear las muchas situaciones en que se os exigirá desenvolveros bien en voz alta y ante un auditorio, incluso en lenguas que no son la vuestra propia. Así que aparquemos timidez y complejos e insistamos en esas prácticas, en todas las áreas.

Estas clases, y en concreto las quejas de algunas de vuestras compañeras sobre lo de tener que “exponer en público”, “con todo el mundo mirando” me recordó a un episodio de El castillo de la magia.

En el libro de Eddings, la princesa Ce'Nedra, una de las protagonistas de la saga, se encuentra a la cabeza de un incipiente ejército y se propone levantar en armas a todo el Oeste para enfrentarse juntos a los angaraks. Sin embargo, se da cuenta que para tal fin va a tener que hablar a la gente, convencerlos, apasionarlos: en suma, va a tener que darles un discurso. Y tal perspectiva la aterroriza. Los que hayáis leído la obra de Eddings – iniciada con la Senda de la Profecía, de la que ya hablamos en otro post – sabréis que Ce'Nedra, la joya de la casa de los Borune y muy malcriada hija única del Emperador de Tolnedra, es, entre otras muchas cosas, una joven de 16 años. Y con la timidez propia de esa edad y la aversión que os parece inspirar a todas la oratoria, ved como reacciona la princesa cuando descubre horrorizada que se espera de ella que dé un discurso ante las tropas de Arendia:


—No se me da muy bien hablar en público, Polgara —confesó Ce'Nedra con la boca seca—. Las multitudes me asustan y se me traba la lengua.

—Lo superarás, cariño —le aseguró Polgara y miró a la princesa con expresión divertida—. Tú querías dirigir el ejército, ¿recuerdas? ¿Acaso creíste que todo lo que tendrías que hacer era ponerte la armadura, montar un caballo y gritar «seguidme» para que todo el mundo lo hiciera?

—Bien...

—¿En todos los años que has estado estudiando historia no has descubierto la característica común de todos los grandes líderes? No debías de estar muy atenta, Ce'Nedra. —Ce'Nedra la miró con una creciente expresión de horror—. No resulta tan difícil arengar a un ejército, cariño. No es preciso ser brillante ni ser un guerrero; ni siquiera es necesario que tu causa sea justa o noble. Todo lo que tienes que hacer es ser elocuente.

(David EDDINGS, El castillo de la magia, capítulo 25)


Ce'Nedra está al borde del colapso nervioso ante la perspectiva (“creo que voy a vomitar”, le dice a Polgara, a lo que la sabia hechicera repone: “ Tal vez más tarde, Ce'Nedra. Ahora no tienes tiempo”), pero logra sobreponerse por la grosera intervención de un borracho – la furia hace que olvide su timidez – y por las ganas que tiene de que la empresa salga bien para poder salvar así a Garion y, de paso, el Oeste entero. Tras concluir con gran éxito su discurso, recibe las felicitaciones de los reyes alorn y de todos los arendianos reunidos. Ce'Nedra respira aliviada y solo parece confortarse y abandonar la tensión cuando ha acabado el discurso: exactamente igual que vosotros y vosotras, rígidos y temblorosos, e invariablemente sonrientes cuando por fin acabáis y podéis refugiaros de nuevo en la seguridad de la mesa y la silla. Perded el miedo a hablar en público: a mí se me daba igual de mal que a vosotros a vuestra edad, y como podéis ver, la práctica ha mejorado significativamente mi soltura para hablar en público. Vosotros también podréis.

Los consejos que se le podrían aplicar a Ce'Nedra son los mismos que os doy a vosotros. Calma, control de la respiración, comodidad con vuestra propia presencia. Evitad buscar el refugio de la pizarra en vuestras espaldas (expresión de terror), y sin miedo, en pie ante vuestro auditorio. La voz debe ser modulada, clara y con un volumen suficiente para haceros oír, sin caer tampoco en el griterío. En cuanto al discurso, Polgara le pide “elocuencia” a Ce'Nedra: la efectividad para persuadir. No quiere florituras retóricas, ni “paja” sin sentido: el discurso debe ser argumentado, bien construido, y defendido con pasión y convicción, para así lograr la persuasión que buscamos.

La alegría de Ce'Nedra por haber acabado ya el difícil “tràngol” de su discurso, sin embargo, es mucho más efímera que la vuestra. Casi sin recuperarse de la conmoción de su primera alocución, Polgara la anima para que repita el tono y mejore ciertos gestos y posturas “la próxima vez”. Me imagino a la pobre tolnedrana perdiendo de repente el color de su cara y preguntando con los ojos muy abiertos:



- ¿La próxima vez?

—Por supuesto. ¿Acaso has pensado que bastaría con un discurso ante una pequeña audiencia? Realmente, Ce'Nedra, debes aprender a prestar más atención. Durante los próximos meses, tendrás que hablar en público por lo menos una vez al día.

—¡No puedo! —gimió la princesa, con los ojos llenos de horror.

—Claro que puedes, Ce'Nedra. Tu voz se oirá en todo el mundo, tus palabras serán como fuego en la hierba seca y las multitudes del Oeste se levantarán para seguir tu estandarte.

(David EDDINGS, El castillo de la magia, capítulo 26).



Y sí, lo logrará. Sus discursos llenarán de fervor a sus auditorios y congregará multitudes ante sus banderas para luchar contra los angaraks. Superará el miedo escénico de tener que hablar delante de nada menos que la Caballería Mimbrana, impecablemente formada ante los legendarios muros de Vo Mimbre; e impondrá su nueva estatura de Reina de Riva ante sus compatriotas de las Legiones de Tolnedra. Finalmente congregará el ejército más grande levantado en armas en el Oeste desde la batalla de Vo Mimbre, quinientos años atrás. Y hará todo eso mediante la palabra, hablando en público, a pesar de que la Oratoria – tal y como la definió nuestro buen Aristóteles – la aterrorizaba con toda la fuerza de sus 16 años de jovencita tolnedrana. Tomadla como ejemplo y no dejéis de visitar este gran libro de fantasía épica. Un abrazo, hasta la próxima.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Recursos Literarios (Vol.3) de la mano de Lorac.

Una semana de exámenes previa a la Evaluación del segundo trimestre no parece el momento ideal para un nuevo post en este espacio nuestro. Suficientes letras os ocupan estos días, y demasiadas correciones me esperan a mí. Con todo, dedicaremos la entrada de hoy no a un libro, ni siquiera a un cuento breve: hablaremos de un poema.

Es poco frecuente, aunque no imposible, encontrarnos con piezas líricas en la fantasía épica o la ciencia ficción. Pensé en dedicar este tercer post de recursos literarios a uno de esos poemas, y empleé uno titulado “Lorac”. Lo escribió Michael Williams, y abre el tercer volumen de la segunda trilogía de Cuentos de la Dragonlance: La Guerra de la Lanza. Es un poema narrativo, y está bastante bien volcado al castellano por Mila López: si la labor de los traductores es siempre complicada y, por ello, encomiable, nunca tienen más mérito y dificultades que con la traducción de un poema, que ha sido concebido para los versos, ritmo y rima de su lengua original, en este caso el inglés. “Lorac” ocupa catorce páginas: de la 11 a la 25. Por tanto, no se os puede poner más sencillo y accesible, atendiendo a este tour de force en el que estáis – estamos – embarcados estos días. Ánimos y fuerza. Los cinco recursos que vamos a ver en esta tercera entrega son los siguientes: la ANÁFORA, la DEPRECACIÓN, la ENUMERACIÓN, el EPÍTETO y la EPANADIPLOSIS. Los explicaremos, espero que de forma clara, y luego intentaremos buscar algún ejemplo en los versos sobre el Orador de las Estrellas Lorac. Los versos del poema abarcan varios siglos de la historia del mundo de la Dragonlance, desde que el joven y arrogante Elfo Silvanesti roba el Orbe de los Dragones durante su Prueba en Istar hasta la liberación de su reino hechizado por parte de los Héroes de la Lanza. Al trabajo.

ANÁFORA

La ANÁFORA consiste en la repetición de una o más palabras al inicio de algunos versos sucesivos. Es una figura retórica que siempre os ejemplifico en clase con ese célebre soneto de don Francisco de Quevedo, “A un hombre de gran nariz” - ya sabéis, ese que empieza Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa... -. Veamos ahora el empleo de una anáfora en una estrofa de “Lorac”:


Y, mientras el granizo y el fuego

se precipitaban sobre la tierra

en un diluvio de sanfre,

incendiando árboles y hierba,

mientras ardían montañas,

mientras el mar se tornaba sangre,

mientras el firmamento se desbarataba

sobre y bajo nosotros,

mientras langostas y escorpiones

recorrían la faz del planeta,

Silvanost flotaba en islas de pensamiento […]

(III, página 16)


Sencillo, ¿verdad? Vamos con el siguiente recurso: la DEPRECACIÓN.

DEPRECACIÓN

Ante todo, no la confundamos con la Imprecación, que ya vimos en el post anterior de Recursos literarios: la DEPRECACIÓN consiste en un ruego o súplica de la voz poética, del autor, una petición. En el caso del poema que estamos empleando en este post, ha sido sencillo encontrar un ejemplo muy claro. La tragedia de Lorac empezará cuando el Orbe de los Dragones le hechice durante su Prueba en la Torre de la Alta Hechicería de Istar y le pida que le saque de allí para salvarlo de la destrucción que se avecina: el Cataclismo. Esa petición del Orbe a Lorac (los versos que os he resaltado) son un buen ejemplo de deprecación.


Pero reposaré aquí,

mientras los bosques se agostan

y las llanuras se someten

al invierno y a la nada

a menos que el canto de tu mente,

que lo es todo, que es el mundo,

controle y domine

y desentrañe el misterio.

Llévame a Silvanost,

Orador de las Estrellas;

llévame a la libertad,

al país de verdor sobre verdor.

(II, página 14)


El siguiente recurso que veremos se llama ENUMERACIÓN: es tan asequible y facilito como parece.

ENUMERACIÓN

La ENUMERACIÓN consiste en la sucesión durante uno o más versos de diversos elementos que cumplen la misma función; fijaos en los versos de “Lorac”:


[los Héroes]

llegaron a Silvanost y a la desfigurada Torre […]

y liberaron al Orador,

a la Torre y la ciudad,

al bosque, a la gente,

y al brillante Orbe.

(V, página 23)


¿Veis? La Enumeración consiste en que se sucedan diversos elementos que comparten la función. En este caso, los Héroes liberaron a: el Orador, la Torre, la ciudad, el bosque, la gente y el brillante Orbe. Son seis complementos directos consecutivos. Un buen ejemplo de Enumeración extraído de estos versos de la saga Dragonlance. Vamos a por el cuarto: el EPÍTETO.

EPÍTETO


El EPÍTETO es un adjetivo aplicado a un elemento que ya tiene esa característica siempre: emplearlo, por tanto, es redundante e “innecesario” desde un punto de vista práctico, pero, recordad, esto es Poesía, y se busca la Belleza, no la inmediatez ni, por supuesto, la brevedad. Los ejemplos que siempre os machaco en clase son los de la blanca nieve y las negras pupilas: la nieve siempre será blanca, va implícito en el significado de “nieve”, igual que el color negro en el sentido del término “pupila”. En “Lorac”, he encontrado algunos epítetos curiosos:

luna silenciosa

etéreo fantasma

Bien, podrían aceptarse como epítetos, y lamento no haber encontrado ejemplos más claros: en cualquier caso, la luna siempre es silenciosa; y ser etéreo, es decir, que no puede tocarse, es propio del significado de “fantasma”. Casi llegamos al final. No os asustéis con el nombre del último recurso de hoy: es lo único complicado que tiene, porque el concepto es muy sencillo.

EPANADIPLOSIS

La EPANADIPLOSIS consiste en concluir un verso con la misma palabra que lo inicia: es decir, la primera y la última palabras del verso son la misma. Como veis, su única complicación es ese nombre, un helenismo (epanadiplosis significaba “reiteración” en griego clásico, fijaos en su grafía original: ἐπαναδίπλωσις ), pero el concepto es fácil. Lo he intentado, pero no he encontrado ni un ejemplo dentro de “Lorac”, así que acudo a mi querido Miguel Hernández, que nos obsequió en este bello soneto de 1934 con tres epanadiplosis consecutivas:


Garza es mi pena, esbelta y triste garza,

sola como un suspiro y un ay, sola,

terca en su error y en su desgracia terca.


Hasta aquí, muchachos. Ánimos a todos, y suerte a los que la buscáis y la trabajáis. Hasta la próxima, nos vemos en clase.